martes, 19 de noviembre de 2013

Capitulo 8: "Confesión en el lecho de muerte" (3ª parte)

“¿Qué quieres decir, mamá? ¿Qué fue lo que hizo hace años?”
Sus párpados se agitaron y se volvió para mirarme, su cara estaba llena ahora de resignación.
“Me estoy muriendo, Olivia. El Doctor Covington ha estado aquí hace un momento y ya sabes lo brutalmente honesto que puede llegar a ser. Su filosofía es ser directo y honesto con sus pacientes.”
“Madre…”
“Ha traído los nuevos resultados y no son buenos, Olivia. El cáncer se está extendiendo inexorablemente. Casi puedo sentir como avanza por mis huesos” me dijo con una risita más enloquecedora.
“Papá nunca dijo ...”
“No finjas que no sabías que yo no mejoraba, Olivia. No eres buena contando mentiras piadosas  porque no puedes tolerar ninguna falsedad o falta de honradez, no importa cuál es el propósito. Los fines nunca justifican los medios para ti, hija mía. No soy tan tonta como para ir a mi Hacedor pensando que puede tolerar ninguna falta de honradez tampoco. Este es un día que he soñado, un día que he temido, y no porque sea un día  en el que tenga que enfrentarme a mi propia muerte. Es un día en el que todas mentiras saldrán por la puerta, barridas por los vientos de la verdad que vienen corriendo para lavar las falsedades, las fachadas y las máscaras. Ahora solo habrá honestidad.”
y lavar la simulación, las fachadas, las máscaras. No hay nada ahora, pero la honestidad.
“Por favor, no te hagas esto, madre. Vamos a llamar a otro médico. Nosotros ...”
Ella levantó la mano, con voz débil.
“No estoy tan preocupado como pensé que podría estar. Cuando vives una vida que está construida sobre mentiras, siempre crees que entrarás en pánico cuando esa base se desmorone, pero ¿sabes qué, Olivia? Siento una sensación de alivio. Me siento curiosamente más fuerte a causa de ella. Tenías razón acerca de enfrentarse a la vedad, y en como eso te puede hacer una persona más fuerte.”
“No sé por qué estás diciendo todo esto, mamá. Voy a hablar con el doctor Covington y sus otros médicos y…”
“Esto no le afecta a ellos, dijo. Es entre tú y yo, Olivia. Primero tú y yo, y luego a tu padre,” agregó ella.
Cerró los ojos y se quedó en silencio tanto tiempo que pensé que había fallecido. Finalmente ella se acercó a mi lado y me miró.  
“Quiero que entiendas y me creas cuando te digo que tu padre y yo nos hemos llegado a amar el uno al otro tanto como dos personas casadas pueden llegar a amarse. Él se queda de mis gastos o de la forma en que trato a los criados, a ti o a Belinda, se lo que sea, pero después de hacer sus discursos y levantar sus brazos al aire como un molino de viento humano, nos vamos a la cama, y nos tenemos el uno al otro antes de dormir, nos consolamos mutuamente y hacemos lo que tenemos que hacer para fortalecernos para los días venideros. Tú y Belinda nunca habéis visto esa parte de él, pero está ahí. Créeme, Olivia, que está ahí y es importante. Yo lo quiero mucho.“
“Ya lo sé, mamá.”
“¿Y tú?” ella sonrió. “Siempre creíste que tu padre estaba cansado de mí, ¿verdad? Siempre creíste que él se sentía atrapado. Se honesta conmigo,  Olivia. No me perdonarás hoy debido a lo que viene ahora.”
“Si”, admití. “Hubo muchas veces que pensé eso, pero siempre parecía poder lidiar con su insatisfacción y seguir adelante”.
Ella asintió con la cabeza, sonriendo.
“Esa es la fuerza que proviene de nuestro amor, Olivia. Espero que lo tengas con Samuel. Por supuesto, no será inmediato, eso llega con el tiempo, con el respeto, con la idea de que estarán juntos hasta el final.”
“Lo sé, madre. No espero más”, dije bajando la cabeza.
“Te mereces más,” dijo. “Has sido una hija perfecta, tanto para mí como para tu padre. Está muy orgullo de ti, Olivia”, dijo e hizo una pausa, y luego añadió, “tan orgulloso como su fueras su propia hija”.
Miré hacia arriba bruscamente.
“¿Qué” Seguramente ella había perdido la cabeza, pensé “Yo soy su hija.”
Ella negó con la cabeza.
“El día en que naciste, Winston me hizo una promesa. Los dos la hicimos. Prometimos no revelar nunca la verdad. Él juró que podría vivir con ello. Yo no me había enamorado de él todavía, pero creo que nunca lo amé más como lo hice en ese momento”.
Negué con la cabeza.
“¿Qué me estás diciendo, mamá?”
“Tú ya sabes que tu padre y yo estábamos comprometidos por nuestras familias. Nuestras vidas estaban más o menos planificadas por otras personas. Yo no creía que pudiera vivir con él, y mucho menos amarle. Había otra persona, un hombre que no era tan deseable a los ojos de mis padres, un hombre joven, un pescador que trabajaba para su abuelo y su padre. Ahora”, me dijo mirándome, “me parece más un sueño”.
Pensé que mi corazón se había desplazado al estómago. Sentí el pecho vacío y frio. Negué con la cabeza. La habitación empezó a dar vueltas, así que cerré los ojos y respiré profundamente.
“No me odies. No nos odies”, dijo madre, casi en un susurro. Ella estaba muy cansada.
“No entiendo lo que dices, madre”.
“No quieres entenderlo, Olivia. Estas actuando como yo, de nuevo. Mientras yo estaba comprometida con tu padre, conocí a ese joven. Estuvimos juntos y me quedé embarazada justo antes de mi boda. Tu padre lo sabía. Mi pescador se fue y Winston y yo nos casamos. Mi pescador no era de los que se quedaban en un lugar. Era un alma libre, guapo y con una voz tan armoniosa como un pájaro cantor. Su risa era una melodía para mí. A veces, ahora, creo que no era real. Creo que tal vez lo imaginé. Tal vez todo fue una fantasía. Así es como mejor me conoces, fingiendo”, dijo. “Está bien que mi viejo yo aparezca, tiene que despojarse de las mentiras y quedar de pie, desnuda con la verdad”.
“Pensé en morir sin contártelo. Me preguntaba si te haría algún bien saberlo. Podrías reaccionar de forma terrible, me odiarías, amarías menos a tu padre, odiarías a tu hermana, pero luego seguí volviendo a la idea de que iba a comparecer ante el gran Juez, y no tenía la conciencia tranquila. Si no aliviaba mi culpa no sería capaz de levantar la mirada para mirarlo a Él a los ojos. Por lo tanto, tal vez estoy siendo esto por razones egoístas, Olivia. Perdóname y por favor, por favor, no me odies. Soy una mujer asustada que está tratando de ser fuerte para enfrentarse a lo que está por llegar.”
Simplemente me quedé mirándola. Así que por eso padre perdono a Belinda con tanta facilidad, ¿por eso se preocupaba más por su futuro que por el mío, por eso quería conseguir que se casara y estuviera segura antes que yo? Esto me explicaba la indiferencia, el vacío, la ligera formalidad que siempre sentí entre él y yo.
Supere el arranque de ira y rabia y luego quedo la simple resignación. ¿Qué podría hacer ahora sobre eso? ¿Cómo podría yo estar enfadada con mi madre cuando ella se encontraba a las puertas de la muerte? Todo aquello me hizo sentir una oleada de resentimiento por Belinda, unos celos que jamás imaginé, pero no tenía tiempo para eso ahora, no había tiempo para compadecerme, no había tiempo para despotricar, no había tiempo para hacerle frente a mi madre y a mi padre y reprenderlos por traicionarme y hacerme vivir en una mentira.
“No quieras menos a Winston, Olivia. Decidió que para él serías su hija, y nunca vaciló. Me lo juró. Ni una sola vez me lo recriminó. Tu padre, el hombre al que respetas por ser fríamente realista y fuerte, nunca abandonó la idea de que era tu padre. Él lo acepto y lo convirtió en su realidad y en la mía, y ello me hizo muy feliz. Por favor, debes amarlo más”, suplico. “Di algo, Olivia”.
Negué con la cabeza.
“Es mucho para digerir de una sola vez, madre.”
“Lo sé, pero voy a pedirte que me hagas una promesa en mi lecho de muerte, Olivia. Prométeme que no se lo dirás a nadie, nunca se lo dirás a Belinda, y nunca le dirás a tu padre que te lo he contado. Es lo último que te voy a pedir”, dijo. “¿Me lo prometes? Por favor.”
Cerré los ojos. Tenía que tragarme la verdad y enterrarla dentro de mí.
“Lo prometo,” dije.
“Y nunca mientes”, me recordó. Ella sonrió y con toda la fuerza que le quedaba se sentó a mi alcance. La abracé y ella puso sus brazos a mi alrededor lo más firmemente que podía. La abracé más de lo que había esperado, la abracé como si me aferrara a ella para salvar su vida. Ella me beso en la mejilla y cerró los ojos.
La ayude a recostarla en su almohada. Ella sonrió de nuevo y levantó la mano para tomar la mía.
“Me he cansado un poco. Voy a descansar, pero despiértame cuando tu padre llegue a casa. Quiero celebrar tu compromiso con él”, dijo ella y su mano cayó de nuevo a la cama como un pequeño gorrión que aprende a volar.
Ajusté la manta para que estuviera cómoda y luego me quedé mirándola. Ella parecía disminuir delante de mis ojos, parecía una niña. La dejé dormir, su mente, sin duda, estaría llena de caramelos y bastones de caramelo.

No recuerdo haber caminado por el pasillo de camino a mi habitación. Era como si me hubiera desplazado a través de un agujero negro. De repente, me puse delante de mi espejo y me miré la cara, riéndome de mí ahora por las semejanzas que una vez creía haber visto entre mi padre y yo. Las mentiras y los engaños eran hermanos nacidos de la misma necesidad desesperada por sobrevivir en un mundo lleno de trampas, la mayoría de las cuales son creadas por nosotros mismos, por nuestros propios deseos y fantasías. Qué tonta has sido, Olivia Gordon. La lección era clara. La supervivencia es más importante que la honestidad.
La honestidad es quizás el mayor lujo de todos, y aquellos que podían permitírsela, deberían sentirse muy bendecidos. Ellos nunca tendrán miedo de hablar, de ser escuchados.

El resto de nosotros no somos más que voces silenciadas. 

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