martes, 9 de abril de 2013

Capitulo 8: "Confesión en el lecho de muerte" (1ª parte)


Hubo momentos en los que pensé que Samuel Logan había sido informado de que mi corazón iba a dominar todos mis momentos libres. No pasaba un solo día desde nuestra primera cita que no me llamara o propusiera alguna actividad. La mayor parte del tiempo disfrutaba de su compañía. Nuestras salidas siempre eran agradables. Él navegaba muy bien y parecía estar más cómodo en el mar que en la tierra.
“El mar está en mi sangre”, me dijo. “Cualquiera que sea el porcentaje de sal que hay en nuestros cuerpos, en el mío se multiplica. Mi padre me contaba que siendo bebe era mucho más feliz cuando me llevaban en el barco. El movimiento y sonido de las olas eran mi mejor canción de cuna. Los dos somos hijos del mar, Olivia. Nuestras vidas están atadas al mar, no podemos estar lejos de la orilla.”
Yo escuchaba sus discursos sentada a la mesa, o en el coche, o cuando caminábamos por la ciudad. Era sin duda un buen vendedor. Tuve que admitir, a mí misma, que yo disfrutaba de su atención, de las cenas y las sesiones de cine, de que me abriera la puerta, de tener a un hombre atractivo que me acompañaba a todas partes. La gente del pueblo empezó a notarlo y a pensar en nosotros como una pareja. Sé que mamá estaba muy feliz por mí. Belinda, por otro lado, se quería llevar todo el mérito.
“Si no te hubiera dicho como debías arreglarte correctamente, posiblemente nunca se habría interesado, Olivia.”
“Si él está interesado en mí solamente por un poco de lápiz labial y colorete, siento pena por él”, le dije. Ella lo se lo tomó muy mal, por supuesto.
“Así que te has acostado con él ¿cómo fue?” –preguntó una noche mientras me preparaba para salir a cenar con él. “¿Todo lo qué esperabas que fuera?” añadió con esa risa un poco tonta.
“Por supuesto que no me he acostado con él”, le espeté. “Yo no voy a meterme en la cama con el primer hombre que venga llamando a mi puerta. O con cada hombre que venga llamando, como alguien que conozco”.
“¿No lo ha intentado? Siguió, impávida, con los ojos brillantes de malicia. “¿No has querido probar?”
“Ya basta”, le dije volviéndome al espejo. “Es posible que puedas tener esa conversación con tus amigos cabeza de chicle, pero no conmigo.”
“Me pregunto lo que hacéis entonces”, dijo con encogimiento de hombros.
Me di la espalda.
“¿Tú te preguntas lo que hacemos? Hacemos lo que hacen los adultos maduros. Vamos a cenar. Hablamos. Admiramos el paisaje. Vamos a galerías de arte o al teatro, a al cine a ver una película y hablamos de la historia y sus personajes. Intentamos conocernos mejor, para saber si de verdad queremos estar junto, y entonces, entonces, después de que nos sintamos cómodos el uno con el otro, se desarrollaría de otra manera”, le sermonee.
Ella se echó a reír.
"¿Qué es tan gracioso, Belinda?"
"Para entonces ustedes tendréis el pelo gris y estaréis sin dientes", declaró.
“Pero no voy a tener que ocultar un embarazo ni seré expulsada de un colegio privado”, repliqué. Su sonrisa voló de su cara como un pájaro asustado y rápidamente frunció el ceño.
“Yo solo estaba tratando de ser graciosa, Olivia. No tienes por qué ser tan mala conmigo”.
"Voy a llegar tarde", le dije queriendo terminar abruptamente esa tonta conversación. Me aparté de ella.
"Así es." Fue a mi cajón de la cómoda. "Lo necesito para esta noche," dijo ella tomando de nuevo su sostén.
"¿A dónde vas?"
"Fuera a entablar amistad de otra manera", me espetó y salió de mí habitación.
Sentí que me ruborizaba profundamente de ira y luego pensé más en ella y sonreí. Era divertido. Por primera vez, que yo recordara, Belinda estaba realmente celosa de mí. Nuestros padres estaban hablando de mi relación con Samuel, me hacían preguntas sobre asuntos sociales, mientras ella estaba de pie o sentada, escuchando. Amigos de la familia hicieron comentarios sobre mi relación romántica y no sobre la de ella. Y lo más importante, por lo que yo pude ver, a pesar de su actitud coqueta, Samuel no le prestaba atención. La envidia estaba envolviendo a Belinda y ella no sabía muy bien qué hacer con ella. Las burlas y la ira eran sus únicos medios de defensa. Pensé que era por pura rebeldía cuando ella anunció una noche en la cena que no asistiría a la cena de compromiso de Nelson Childs.
“Usted puede ir con Olivia y Samuel, papá”, le dijo. “Ninguno de mis amigos irán de todos modos”.
“Tienes que tratar de hacer otros amigos, Belinda,” le dije.
“Mis amigos están bien”.
“Están bien si deseas permanecer para siempre en la escuela secundaria”, repliqué. Sus ojos adquirieron un brillo próximo a las lágrimas.
“¿Crees qué lo sabes todo acerca de los hombres, sólo  porque sales con uno todo el tiempo. No podrías dejar de querer ordenar sobre mi vida. Yo no soy como tú”.
“Eso es bastante obvio”.
“¿Yo no quiero ser como tú?”
“Dejad de discutir inmediatamente”, ordenó papá. Afortunadamente, mamá siempre estaba arriba a la hora de la cena y no tenía que escuchar los lloriqueos de Belinda.
Ella se metió un pedazo de pan en la boca y me miro como diciendo que estaba ahogando sus palabras pero no sus pensamientos.
“Si no quieres ir a la cena de compromiso, no tienes que hacerlo, Belinda,”  consintió papá.
Le miré, sorprendida. Él no querría insultar a su amigo el Coronel Childs, pero luego, pensándolo mejor, me di cuenta de que probablemente estaría más feliz si Belinda no iba. Él no tendría que preocuparse de su comportamiento ni de las cosas que pudiera decir. Estaba muy preocupado estos días. Madre cada vez estaba más débil y sus problemas estomacales habían regresado.
La mañana de la fiesta de compromiso de Nelson, Samuel llamó por teléfono para saber si podía venir a verme de inmediato.
“¿No puede esperar a que pases a por mí para ir a la cena de compromiso, Samuel?
“No,” dijo. “Quiero tener un momento especial con usted, Olivia. Por favor”, suplicó.
Mi madre había estado durmiendo más y más cada día y con la enfermera allí no tenía nada que hacer. Estuve de acuerdo. Me arreglé el pelo, me puse una de las blusas de algodón nuevas y una falda a juego y baje a esperarle. Papá había ido a la oficina para terminar un trabajo. Se había comprometido en regresar a casa con tiempo para vestirse para la fiesta. Sin embargo él dijo que iría solo en lugar de acompañarnos a Samuel y a mí.
"No hay necesidad de una tercera rueda en la bicicleta", bromeó.
“Uno se puede montar muy bien por su cuenta, Olivia.”
Trataba de ser divertido, pero yo sabía que no quería ir sin mamá. Ella insistió en que fuera y representara a ella también. Belinda, que seguía decidida a no asistir, deliberadamente se levantó más temprano que de costumbre se fue a casa de Kimberly, donde afirmaba que pasaría el día.
“Esas reuniones son muy aburridas de todos modos”, dijo, mientras que su cometario de despedida fue, “deséale suerte a Nelson de mi parte”, añadió con un brillo en los ojos. “Espero que él haya conseguido lo que realmente quería”.
Decidí ignorarla por lo que ella y su risa tonta se fueron.
Yo estaba sola cuando Samuel tocó el timbre. Dejé que Carmelita lo saludara y le mostrase la sala donde yo le esperaba”.
“Bueno”, dijo mirando a su alrededor con nerviosismo. Llevaba traje y corbata, “¿tu hermana no está en casa?”
"Afortunadamente, no." Comenté.
Parecía aliviado por eso.
"Bien," murmuró aún  de pie en el umbral.
"¿Qué era tan importante que no podía esperar a más tarde, Samuel?" -Pregunté. "En sólo cuestión de unas cuantas horas más nos hubiéramos visto."
"No podía esperar ni un minuto más", dijo sonriendo como alguien que tenía un profundo secreto que quería revelar. "¿Te importa si me siento?"
"Por supuesto que no. Por favor, hazlo", le dije, y él tomó la silla al otro lado del sofá. Buscó a tientas su sombrero entre las manos por un momento y luego volvió a sonreír.
"Bueno, es un bonito día para la fiesta de compromiso de Childs," dijo.
"Sí, pero yo ya sabía sobre el tiempo antes de que llegaras, Samuel". Vio que mi paciencia era cada vez menor.
Por último, se aclaró la garganta, enderezó los hombros y empezó.
“Mientras venía he pensado que tú y yo no hemos estado juntos mucho tiempo, pero es evidente que hemos pasado momentos de calidad juntos, y así”, continuó, apenas respirando, “debería ser el valor del tiempo.  ¿Estás de acuerdo con eso?”
"Por supuesto", le dije.
“¿Entonces estás de acuerdo que nuestro tiempo juntos ha sido de gran valor?” preguntó animado.
"Yo no pasaría tiempo con usted si fuera de otra manera", le contesté. "No me gusta perder el tiempo”.
"Por supuesto que no. De hecho, eso es lo que me convenció de que no estaba hiendo demasiado deprisa, de que no estaba apresurando las cosas."
“¿Las cosas? ¿Qué cosas, Samuel?”
“Las cosas entre nosotros. Creo que puedo decirte esto. He disfrutado mucho de tu compañía,  pero lo más importante es que no quiero que termine. No me gustan las interrupciones”.
“¿Las interrupciones?” Moví ya la cabeza y sonreí con confusión. ¿De qué estaba hablando?
“Noches, mañanas, trozos de la tarde… me refiero a todo el tiempo que pasa entre nuestras citas,” dijo él.
Todavía estaba confundida.
“¿Qué estás diciendo, Samuel?”
“Te dije que no era un gran orador. Me cuesta un poco llegar a lo importante”. Se puso rígido en su silla. “Lo que quiero decir es que quiero tener una cita constante contigo, Olivia Gordon?”
“¿Qué? ¿Cita constante?”
Metió la mano en su bolsillo y sacó una pequeña caja. Su sonrisa se ensanchó mientras se levantaba de la silla y luego se puso de rodillas delante de mí.
“Pensé que esto te gustaría más si lo hacía a la antigua usanza”, comenzó él y abrió la caja.
En ella había un anillo de compromiso que rivalizaba con el que Carson McGil le había dado a Belinda, la montura de oro era muy más elegante.
“Me tome la libertar de comprar esto”, continuo Samuel, “con la esperanza de que te haría considerar seriamente un compromiso entre nosotros”.
Aturdida por el diamante y la propuesta de matrimonio tan repentinos, me senté atónita. Él permaneció de rodillas, sosteniendo el anillo en su caja delante de mí. Poco a poco, casi con miedo lo toqué, temiendo que desapareciera. Saque el anillo de la caja y lo miré detenidamente. Era impresionante.
“Como no tengo una madre que me aconsejara tuve que depender de la ayuda de un joyero experto”, dijo. “Espero que te guste”.
“Es muy hermoso.” Di un grito ahogado. Estaba hipnotizada por su mágico brillo.
“Pruébatelo”, exhortó.
Lo miré y luego lo hice, encajaba a la perfección. Giré mi mano para observarlo desde diferentes ángulos. Mi mano, que antes veía delgada y huesuda, ahora parecía pertenecer a la de una princesa.
“¿Cómo sabías el tamaño correcto?”
“Eso es porque hubo una pequeño conspiración”, confesó, “entre tu padre y yo. Él me consiguió uno de tus anillos”.
Dejé caer mi mano en mi regazo, como si anillo hubiera asumido un gran peso.
“¿Mi padre ya lo sabe?” gemí con decepción.
Samuel asintió.
“Yo no quería parecer demasiado atrevido”, dijo rápidamente. “Pensé que si tuviera uno de tus anillos,… bueno… como usted ve, funcionó.”
“No me gustan los secretos, sobre todo cuando no estoy enterada de ellos”, entoné como si me hubiera colocado detrás de un púlpito.
Él negó con la cabeza.
“Os aseguro. Nada más se hizo. Nadie más sabe esto”, dijo. “Por favor”, continuó, “no te lleves la impresión equivocada”.
Jugué con el anillo, tirando de el como si se fuera a despegar y luego convertirlo en mi dedo. Él miraba, sus ojos muy abiertos por el miedo y la anticipación.
"Yo creo con todo mi corazón que podemos tener una vida maravillosa juntos, y espero que tu sientas lo mismo", continuó, con los ojos fijos en mis dedos. "Compartimos intereses. Compartimos ambiciones. Espero que no te moleste", añadió cuando no respondí.
"Es tan repentino. Odio que me sorprendan. Me gusta la planificación".


4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. No lo escribo yo. Solo lo traduzco.
      Gracias por comentar.

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  2. Hola Ines!!!!!! has sido todo un descubrimiento para mi...V.C.Andrews es mi escritora preferida desde que tenía 14 años....tengo todas sus sagas, excepto esta....que sólo pude conseguir en español Melody y Sinfonía innacabada...así que no sabes la alegría que me ha dado poder leer tus traducciones....Mil gracias por el trabajo que estás haciendo y por compartirlo. Gracias, gracias.

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  3. Estoy deseando que publiques los siguientes capítulos!!!!!!!

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