martes, 19 de noviembre de 2013

Capitulo 8: "Confesión en el lecho de muerte" (3ª parte)

“¿Qué quieres decir, mamá? ¿Qué fue lo que hizo hace años?”
Sus párpados se agitaron y se volvió para mirarme, su cara estaba llena ahora de resignación.
“Me estoy muriendo, Olivia. El Doctor Covington ha estado aquí hace un momento y ya sabes lo brutalmente honesto que puede llegar a ser. Su filosofía es ser directo y honesto con sus pacientes.”
“Madre…”
“Ha traído los nuevos resultados y no son buenos, Olivia. El cáncer se está extendiendo inexorablemente. Casi puedo sentir como avanza por mis huesos” me dijo con una risita más enloquecedora.
“Papá nunca dijo ...”
“No finjas que no sabías que yo no mejoraba, Olivia. No eres buena contando mentiras piadosas  porque no puedes tolerar ninguna falsedad o falta de honradez, no importa cuál es el propósito. Los fines nunca justifican los medios para ti, hija mía. No soy tan tonta como para ir a mi Hacedor pensando que puede tolerar ninguna falta de honradez tampoco. Este es un día que he soñado, un día que he temido, y no porque sea un día  en el que tenga que enfrentarme a mi propia muerte. Es un día en el que todas mentiras saldrán por la puerta, barridas por los vientos de la verdad que vienen corriendo para lavar las falsedades, las fachadas y las máscaras. Ahora solo habrá honestidad.”
y lavar la simulación, las fachadas, las máscaras. No hay nada ahora, pero la honestidad.
“Por favor, no te hagas esto, madre. Vamos a llamar a otro médico. Nosotros ...”
Ella levantó la mano, con voz débil.
“No estoy tan preocupado como pensé que podría estar. Cuando vives una vida que está construida sobre mentiras, siempre crees que entrarás en pánico cuando esa base se desmorone, pero ¿sabes qué, Olivia? Siento una sensación de alivio. Me siento curiosamente más fuerte a causa de ella. Tenías razón acerca de enfrentarse a la vedad, y en como eso te puede hacer una persona más fuerte.”
“No sé por qué estás diciendo todo esto, mamá. Voy a hablar con el doctor Covington y sus otros médicos y…”
“Esto no le afecta a ellos, dijo. Es entre tú y yo, Olivia. Primero tú y yo, y luego a tu padre,” agregó ella.
Cerró los ojos y se quedó en silencio tanto tiempo que pensé que había fallecido. Finalmente ella se acercó a mi lado y me miró.  
“Quiero que entiendas y me creas cuando te digo que tu padre y yo nos hemos llegado a amar el uno al otro tanto como dos personas casadas pueden llegar a amarse. Él se queda de mis gastos o de la forma en que trato a los criados, a ti o a Belinda, se lo que sea, pero después de hacer sus discursos y levantar sus brazos al aire como un molino de viento humano, nos vamos a la cama, y nos tenemos el uno al otro antes de dormir, nos consolamos mutuamente y hacemos lo que tenemos que hacer para fortalecernos para los días venideros. Tú y Belinda nunca habéis visto esa parte de él, pero está ahí. Créeme, Olivia, que está ahí y es importante. Yo lo quiero mucho.“
“Ya lo sé, mamá.”
“¿Y tú?” ella sonrió. “Siempre creíste que tu padre estaba cansado de mí, ¿verdad? Siempre creíste que él se sentía atrapado. Se honesta conmigo,  Olivia. No me perdonarás hoy debido a lo que viene ahora.”
“Si”, admití. “Hubo muchas veces que pensé eso, pero siempre parecía poder lidiar con su insatisfacción y seguir adelante”.
Ella asintió con la cabeza, sonriendo.
“Esa es la fuerza que proviene de nuestro amor, Olivia. Espero que lo tengas con Samuel. Por supuesto, no será inmediato, eso llega con el tiempo, con el respeto, con la idea de que estarán juntos hasta el final.”
“Lo sé, madre. No espero más”, dije bajando la cabeza.
“Te mereces más,” dijo. “Has sido una hija perfecta, tanto para mí como para tu padre. Está muy orgullo de ti, Olivia”, dijo e hizo una pausa, y luego añadió, “tan orgulloso como su fueras su propia hija”.
Miré hacia arriba bruscamente.
“¿Qué” Seguramente ella había perdido la cabeza, pensé “Yo soy su hija.”
Ella negó con la cabeza.
“El día en que naciste, Winston me hizo una promesa. Los dos la hicimos. Prometimos no revelar nunca la verdad. Él juró que podría vivir con ello. Yo no me había enamorado de él todavía, pero creo que nunca lo amé más como lo hice en ese momento”.
Negué con la cabeza.
“¿Qué me estás diciendo, mamá?”
“Tú ya sabes que tu padre y yo estábamos comprometidos por nuestras familias. Nuestras vidas estaban más o menos planificadas por otras personas. Yo no creía que pudiera vivir con él, y mucho menos amarle. Había otra persona, un hombre que no era tan deseable a los ojos de mis padres, un hombre joven, un pescador que trabajaba para su abuelo y su padre. Ahora”, me dijo mirándome, “me parece más un sueño”.
Pensé que mi corazón se había desplazado al estómago. Sentí el pecho vacío y frio. Negué con la cabeza. La habitación empezó a dar vueltas, así que cerré los ojos y respiré profundamente.
“No me odies. No nos odies”, dijo madre, casi en un susurro. Ella estaba muy cansada.
“No entiendo lo que dices, madre”.
“No quieres entenderlo, Olivia. Estas actuando como yo, de nuevo. Mientras yo estaba comprometida con tu padre, conocí a ese joven. Estuvimos juntos y me quedé embarazada justo antes de mi boda. Tu padre lo sabía. Mi pescador se fue y Winston y yo nos casamos. Mi pescador no era de los que se quedaban en un lugar. Era un alma libre, guapo y con una voz tan armoniosa como un pájaro cantor. Su risa era una melodía para mí. A veces, ahora, creo que no era real. Creo que tal vez lo imaginé. Tal vez todo fue una fantasía. Así es como mejor me conoces, fingiendo”, dijo. “Está bien que mi viejo yo aparezca, tiene que despojarse de las mentiras y quedar de pie, desnuda con la verdad”.
“Pensé en morir sin contártelo. Me preguntaba si te haría algún bien saberlo. Podrías reaccionar de forma terrible, me odiarías, amarías menos a tu padre, odiarías a tu hermana, pero luego seguí volviendo a la idea de que iba a comparecer ante el gran Juez, y no tenía la conciencia tranquila. Si no aliviaba mi culpa no sería capaz de levantar la mirada para mirarlo a Él a los ojos. Por lo tanto, tal vez estoy siendo esto por razones egoístas, Olivia. Perdóname y por favor, por favor, no me odies. Soy una mujer asustada que está tratando de ser fuerte para enfrentarse a lo que está por llegar.”
Simplemente me quedé mirándola. Así que por eso padre perdono a Belinda con tanta facilidad, ¿por eso se preocupaba más por su futuro que por el mío, por eso quería conseguir que se casara y estuviera segura antes que yo? Esto me explicaba la indiferencia, el vacío, la ligera formalidad que siempre sentí entre él y yo.
Supere el arranque de ira y rabia y luego quedo la simple resignación. ¿Qué podría hacer ahora sobre eso? ¿Cómo podría yo estar enfadada con mi madre cuando ella se encontraba a las puertas de la muerte? Todo aquello me hizo sentir una oleada de resentimiento por Belinda, unos celos que jamás imaginé, pero no tenía tiempo para eso ahora, no había tiempo para compadecerme, no había tiempo para despotricar, no había tiempo para hacerle frente a mi madre y a mi padre y reprenderlos por traicionarme y hacerme vivir en una mentira.
“No quieras menos a Winston, Olivia. Decidió que para él serías su hija, y nunca vaciló. Me lo juró. Ni una sola vez me lo recriminó. Tu padre, el hombre al que respetas por ser fríamente realista y fuerte, nunca abandonó la idea de que era tu padre. Él lo acepto y lo convirtió en su realidad y en la mía, y ello me hizo muy feliz. Por favor, debes amarlo más”, suplico. “Di algo, Olivia”.
Negué con la cabeza.
“Es mucho para digerir de una sola vez, madre.”
“Lo sé, pero voy a pedirte que me hagas una promesa en mi lecho de muerte, Olivia. Prométeme que no se lo dirás a nadie, nunca se lo dirás a Belinda, y nunca le dirás a tu padre que te lo he contado. Es lo último que te voy a pedir”, dijo. “¿Me lo prometes? Por favor.”
Cerré los ojos. Tenía que tragarme la verdad y enterrarla dentro de mí.
“Lo prometo,” dije.
“Y nunca mientes”, me recordó. Ella sonrió y con toda la fuerza que le quedaba se sentó a mi alcance. La abracé y ella puso sus brazos a mi alrededor lo más firmemente que podía. La abracé más de lo que había esperado, la abracé como si me aferrara a ella para salvar su vida. Ella me beso en la mejilla y cerró los ojos.
La ayude a recostarla en su almohada. Ella sonrió de nuevo y levantó la mano para tomar la mía.
“Me he cansado un poco. Voy a descansar, pero despiértame cuando tu padre llegue a casa. Quiero celebrar tu compromiso con él”, dijo ella y su mano cayó de nuevo a la cama como un pequeño gorrión que aprende a volar.
Ajusté la manta para que estuviera cómoda y luego me quedé mirándola. Ella parecía disminuir delante de mis ojos, parecía una niña. La dejé dormir, su mente, sin duda, estaría llena de caramelos y bastones de caramelo.

No recuerdo haber caminado por el pasillo de camino a mi habitación. Era como si me hubiera desplazado a través de un agujero negro. De repente, me puse delante de mi espejo y me miré la cara, riéndome de mí ahora por las semejanzas que una vez creía haber visto entre mi padre y yo. Las mentiras y los engaños eran hermanos nacidos de la misma necesidad desesperada por sobrevivir en un mundo lleno de trampas, la mayoría de las cuales son creadas por nosotros mismos, por nuestros propios deseos y fantasías. Qué tonta has sido, Olivia Gordon. La lección era clara. La supervivencia es más importante que la honestidad.
La honestidad es quizás el mayor lujo de todos, y aquellos que podían permitírsela, deberían sentirse muy bendecidos. Ellos nunca tendrán miedo de hablar, de ser escuchados.

El resto de nosotros no somos más que voces silenciadas. 

martes, 25 de junio de 2013

Capitulo 8: "Confesión en el lecho de muerte" (2ª parte)

“Lo sé, pero ¿por qué no puede ser bueno lo repentino? Las cosas malas a menudo son previsibles. De todos modos,” continuó, “he decidido que hoy, el día que vamos a asistir a la fiesta de compromiso de Nelson, es un gran día para anunciar nuestro propio compromiso”.
Pensé en ello y sonreí para mis adentros. Me preguntaba por cómo sería la expresión de Nelson al ver el anillo en mi dedo, y las expresiones de todos los que aseguraron que nunca me casaría. Estaban convencidos de que acabaría como una solterona, administrando las empresas de mi padre, mientras mi hermana, mi hermosa hermana, cazaba a algún rico y apuesto joven. ¿Acaso no estarían sorprendidos?
“¿No crees que sería un buen día para anunciarlo?” prosiguió Samuel.
Salí de mi ensueño y miré hacia abajo al pensar. Él me miraba como si yo estuviera a punto de pronunciar el veredicto de algún tribunal. Sus ojos estaban llenos de ansiedad y temor por escuchar una posible. Negativa.
“Si”, le dije. “No sería un mal día”.
Su rostro estalló en una sonrisa. Me besó la mano y se puso en pie.
"Qué maravilloso. Soy el hombre más feliz del mundo, más feliz que Nelson Childs porque estoy seguro de que tendremos un mejor matrimonio", agregó. Mis cejas unieron.
"¿En serio?"
“Sí, de verdad, de verdad. Somos perfecto juntos, Olivia. En el momento en que te vi en esa oficina detrás de esa mesa de trabajo como una abeja, supe que tú y yo formaríamos un gran equipo. Vamos a dueños del Cabo algún día”.
"He visto un hogar estupendo para nosotros, Olivia", continuó. "Una casa grande con dos plantas. Es muy antigua y prestigiosa, la casa original fue construida alrededor de 1780. Estoy pensando en modernizarla. Podemos construir sobre ella. Te llevaré allí mañana y podemos comenzar a planearlo con nuestros arquitectos. Quiero que esté listo para nosotros el día después de nuestra luna de miel ", dijo.
“Suena como si hubieras estado planeando esto durante algún tiempo, Samuel, más tiempo del que llevamos conociéndonos”, le mire con los ojos entrecerrados, sospechando. Me miró y luego se echó a reír.
“Bueno, llevo tiempo pensando en encontrar a la esposa perfecta y en como viviríamos. La casa está situada en un pedazo de tierra privilegiada entre ProvinceTown y el norte de Truro, tiene su propio acceso privado a la playa, al igual que tienes aquí, y un gran jardín y vistas al mar. Ya verás como no pierdes nada al casarte conmigo. Te llevaré allí mañana a primera hora” prometió. “Voy a venir a recogerte tan pronto como quieras. ¿A qué hora te parece bien?”.
"Déjame recuperar el aliento, Samuel. Me tienes mareada con todas esas declaraciones dramáticas."
“Eso es lo que quiero, quiero causarte mareos de sorpresa y felicidad”, dijo. “Tengo que ir a casa para contarle a mi padre la buena noticia, estaré de vuelta en tres horas para ir a la fiesta de compromiso de Nelson Childs. Vamos a ser el centro de atención”, prometió dando un golpe con las manos.
Empezó a salir de la habitación, para luego volver a acercarse a mí y besarme en la mejilla.
"Gracias", dijo. "Gracias por hacer de mí el hombre más feliz de la Tierra."
Se dio la vuelta y me dejó allí sentada, aturdida, el diamante brillaba bajo la luz de la lámpara, y mi corazón atronaba en mi pecho.

¡Qué maravillosa sorpresa se llevará madre!, pensé mientras me levantaba. Mis piernas estaban un poco débiles aún. Estaba comprometida y lo estaba de un hombre muy guapo. En un momento de regocijo pensé que estaba delante de Belinda y le decía: la hija mayor se va a casar la primera.
Madre seguramente estaría encantada y eso era algo que ella necesitaba, necesitaba algo que la hiciera feliz y que fuera capaz de llevar una sonrisa a su delgado y cansado rostro.
Cuando comencé a subir la escalera, oí una voz dentro de mí que me preguntaba, “¿Pero le quieres, Olivia?”
“Él no lo mencionó,” me dije a mi misma. “Él ni siquiera lo preguntó. Era como si supiera que yo creía que el amor era algo que crecía entre dos personas. Quienes decían haber sido golpeados por un rayo y oído campanas cada vez que se besaban eran personas que vivían en un cuento de hadas, en novelas románticas o en películas. Al final, cuando se imponía la realidad, los que más se decepcionaban eran esas personas. Los mejores matrimonios son aquellos como por el que yo acababa de dar mi consentimiento, un matrimonio construido sobre razones sensatas y lógicas que construyeran una base firme. El amor vendría después, pensé. Primero tendríamos que aprender a respetarnos y tener éxitos juntos. Después de aquello podríamos mirar a los ojos de los demás y decir. “Si, hay otro vinculo fuerte, y otro emocional, que ahora es suficientemente fuerte como para sostener a dos personas de forma segura. Ahora puedo decir: “Te amo”, y ahora significaría algo más”.
Subí las escaleras y me fui a la habitación de madre. Ella estaba durmiendo. Su enfermera me miro.
“Me quedaré un rato con ella”, le dije.
“Muy bien.” Ella se levantó. “Voy a tomar un café”, dijo mirando a madre. Ella sacudió la cabeza.  “Llámeme si me necesita”, dijo antes de salir.
Me senté junto a la cama y estudia sus respiraciones, eran pequeñas y dificultosas. Hacían pensar que tenía un pesado peso en el pecho. Su cabeza calva por la quimioterapia estaba envuelta en un pañuelo de seda. Su piel era tan pálida que parecía no contener sangre.
Después de unos momentos, ella gimió e hizo una mueca y luego abrió los ojos para verme allí sentada.
'Oh, Olivia, querida. ¿Llevas aquí mucho tiempo?
"No, sólo unos pocos minutos, madre. Vine a decirte algo que pensé que deberíais ser los primeros en saberlo, aunque papa estaba enterado del plan de Samuel, quizás incluso antes de que el mismo lo supiera.
“¿Qué es, querida?”, preguntó tratando de volverse hacia mí. Le ahueque la almohada y le ayudé a sentarse. A pesar de que mi mano se movió delante de su cara como un colibrí ella no se enteró del anillo que llevaba en el dedo. Era como si aquel mal la hubiera dejado parcialmente ciega.
“Samuel Logan acaba de estar aquí, madre.”
“¿En serio? ¿Qué hora es? ¿Se ha vestido ya tu padre? “
“Aún es temprano. Samuel no vino a llevarme a la fiesta de compromiso. Vino a declarar su compromiso.”
“Oh, sí”. Ella empezó a negar con la cabeza. “Yo no sabía que él estaba….”
“Conmigo”, dije.
¿Qué? ¿Para qué?
Levanté la mano para que viera el anillo. Ella lo miro y entonces sonrió como yo quería que lo hiciera, era la sonrisa que había esperado, la sonrisa que mi madre solía mostrar tan a menudo a la vida, tan brillante, feliz, una esperanza radiante que hizo que sus ojos parecieran las joyas que habían sido. Incluso el color regresó a su rostro.
'!Oh Olivia qué maravilla! ¡Qué hermoso anillo! Estás comprometida. ¡Qué maravillosa noticia me acabas de dar! "
“Aún puede ser mejor, madre. Tendremos nuestra propia fiesta de compromiso y plan de boda. También tengo una casa para construir. Vas a tener que ayudarme con el arquitecto. Hay tantas cosas que hacer. No tenemos tiempo para estar enfermas, madre.”
Se apoyó de nuevo en su almohada y me sonrió de forma extraña.
“¿Por qué me miras así, mamá? Le pregunté sintiendo una sombra oscura sobre mi corazón.
Ella suspiró y cerró los ojos. Por un momento pensé que en realidad había fallecido. Ella tuvo los ojos cerrados durante demasiado tiempo.
“¡Madre!”
Abrió los ojos.
“Solo es que has hablado como yo, Olivia. Tú nunca fuiste de ignorar lo que tenías delante de los ojos. Durante todos estos años, cada vez que yo negaba ver las dificultades o el dolor, las decepciones y derrotas, me instigabas a dejar de fingir, Madre, tu decías, no harás desaparecer las cosas solo por ignorarlas, todavía están allí. ¿Lo recuerdas?”
“Si, pero…”
“Bueno, he llegado a un punto en mi vida en que tengo que seguir tu buen consejo, Olivia”.
Se volvió para mirar sus gafas de color de rosa encima de la mesita de noche.
"No tiene sentido ponérselas ahora. No va a cambiar las cosas. Viviendo en mi propio mundo imaginario estaba cómoda, pero no era lo correcto. Yo lo sabía todos los días, Olivia. La verdad es que yo era egoísta. En ese sentido Belinda se parece más a mí que a su padre. Aquello, "dijo con una pequeña sonrisa débil," le resultaba divertido a él. Estaba contento. Lo sé. Eso le hizo  sentir mejor acerca de lo que hizo hace años y años ", dijo con los ojos desenfocados mientras en su cabeza veía fotos del pasado.


martes, 9 de abril de 2013

Capitulo 8: "Confesión en el lecho de muerte" (1ª parte)


Hubo momentos en los que pensé que Samuel Logan había sido informado de que mi corazón iba a dominar todos mis momentos libres. No pasaba un solo día desde nuestra primera cita que no me llamara o propusiera alguna actividad. La mayor parte del tiempo disfrutaba de su compañía. Nuestras salidas siempre eran agradables. Él navegaba muy bien y parecía estar más cómodo en el mar que en la tierra.
“El mar está en mi sangre”, me dijo. “Cualquiera que sea el porcentaje de sal que hay en nuestros cuerpos, en el mío se multiplica. Mi padre me contaba que siendo bebe era mucho más feliz cuando me llevaban en el barco. El movimiento y sonido de las olas eran mi mejor canción de cuna. Los dos somos hijos del mar, Olivia. Nuestras vidas están atadas al mar, no podemos estar lejos de la orilla.”
Yo escuchaba sus discursos sentada a la mesa, o en el coche, o cuando caminábamos por la ciudad. Era sin duda un buen vendedor. Tuve que admitir, a mí misma, que yo disfrutaba de su atención, de las cenas y las sesiones de cine, de que me abriera la puerta, de tener a un hombre atractivo que me acompañaba a todas partes. La gente del pueblo empezó a notarlo y a pensar en nosotros como una pareja. Sé que mamá estaba muy feliz por mí. Belinda, por otro lado, se quería llevar todo el mérito.
“Si no te hubiera dicho como debías arreglarte correctamente, posiblemente nunca se habría interesado, Olivia.”
“Si él está interesado en mí solamente por un poco de lápiz labial y colorete, siento pena por él”, le dije. Ella lo se lo tomó muy mal, por supuesto.
“Así que te has acostado con él ¿cómo fue?” –preguntó una noche mientras me preparaba para salir a cenar con él. “¿Todo lo qué esperabas que fuera?” añadió con esa risa un poco tonta.
“Por supuesto que no me he acostado con él”, le espeté. “Yo no voy a meterme en la cama con el primer hombre que venga llamando a mi puerta. O con cada hombre que venga llamando, como alguien que conozco”.
“¿No lo ha intentado? Siguió, impávida, con los ojos brillantes de malicia. “¿No has querido probar?”
“Ya basta”, le dije volviéndome al espejo. “Es posible que puedas tener esa conversación con tus amigos cabeza de chicle, pero no conmigo.”
“Me pregunto lo que hacéis entonces”, dijo con encogimiento de hombros.
Me di la espalda.
“¿Tú te preguntas lo que hacemos? Hacemos lo que hacen los adultos maduros. Vamos a cenar. Hablamos. Admiramos el paisaje. Vamos a galerías de arte o al teatro, a al cine a ver una película y hablamos de la historia y sus personajes. Intentamos conocernos mejor, para saber si de verdad queremos estar junto, y entonces, entonces, después de que nos sintamos cómodos el uno con el otro, se desarrollaría de otra manera”, le sermonee.
Ella se echó a reír.
"¿Qué es tan gracioso, Belinda?"
"Para entonces ustedes tendréis el pelo gris y estaréis sin dientes", declaró.
“Pero no voy a tener que ocultar un embarazo ni seré expulsada de un colegio privado”, repliqué. Su sonrisa voló de su cara como un pájaro asustado y rápidamente frunció el ceño.
“Yo solo estaba tratando de ser graciosa, Olivia. No tienes por qué ser tan mala conmigo”.
"Voy a llegar tarde", le dije queriendo terminar abruptamente esa tonta conversación. Me aparté de ella.
"Así es." Fue a mi cajón de la cómoda. "Lo necesito para esta noche," dijo ella tomando de nuevo su sostén.
"¿A dónde vas?"
"Fuera a entablar amistad de otra manera", me espetó y salió de mí habitación.
Sentí que me ruborizaba profundamente de ira y luego pensé más en ella y sonreí. Era divertido. Por primera vez, que yo recordara, Belinda estaba realmente celosa de mí. Nuestros padres estaban hablando de mi relación con Samuel, me hacían preguntas sobre asuntos sociales, mientras ella estaba de pie o sentada, escuchando. Amigos de la familia hicieron comentarios sobre mi relación romántica y no sobre la de ella. Y lo más importante, por lo que yo pude ver, a pesar de su actitud coqueta, Samuel no le prestaba atención. La envidia estaba envolviendo a Belinda y ella no sabía muy bien qué hacer con ella. Las burlas y la ira eran sus únicos medios de defensa. Pensé que era por pura rebeldía cuando ella anunció una noche en la cena que no asistiría a la cena de compromiso de Nelson Childs.
“Usted puede ir con Olivia y Samuel, papá”, le dijo. “Ninguno de mis amigos irán de todos modos”.
“Tienes que tratar de hacer otros amigos, Belinda,” le dije.
“Mis amigos están bien”.
“Están bien si deseas permanecer para siempre en la escuela secundaria”, repliqué. Sus ojos adquirieron un brillo próximo a las lágrimas.
“¿Crees qué lo sabes todo acerca de los hombres, sólo  porque sales con uno todo el tiempo. No podrías dejar de querer ordenar sobre mi vida. Yo no soy como tú”.
“Eso es bastante obvio”.
“¿Yo no quiero ser como tú?”
“Dejad de discutir inmediatamente”, ordenó papá. Afortunadamente, mamá siempre estaba arriba a la hora de la cena y no tenía que escuchar los lloriqueos de Belinda.
Ella se metió un pedazo de pan en la boca y me miro como diciendo que estaba ahogando sus palabras pero no sus pensamientos.
“Si no quieres ir a la cena de compromiso, no tienes que hacerlo, Belinda,”  consintió papá.
Le miré, sorprendida. Él no querría insultar a su amigo el Coronel Childs, pero luego, pensándolo mejor, me di cuenta de que probablemente estaría más feliz si Belinda no iba. Él no tendría que preocuparse de su comportamiento ni de las cosas que pudiera decir. Estaba muy preocupado estos días. Madre cada vez estaba más débil y sus problemas estomacales habían regresado.
La mañana de la fiesta de compromiso de Nelson, Samuel llamó por teléfono para saber si podía venir a verme de inmediato.
“¿No puede esperar a que pases a por mí para ir a la cena de compromiso, Samuel?
“No,” dijo. “Quiero tener un momento especial con usted, Olivia. Por favor”, suplicó.
Mi madre había estado durmiendo más y más cada día y con la enfermera allí no tenía nada que hacer. Estuve de acuerdo. Me arreglé el pelo, me puse una de las blusas de algodón nuevas y una falda a juego y baje a esperarle. Papá había ido a la oficina para terminar un trabajo. Se había comprometido en regresar a casa con tiempo para vestirse para la fiesta. Sin embargo él dijo que iría solo en lugar de acompañarnos a Samuel y a mí.
"No hay necesidad de una tercera rueda en la bicicleta", bromeó.
“Uno se puede montar muy bien por su cuenta, Olivia.”
Trataba de ser divertido, pero yo sabía que no quería ir sin mamá. Ella insistió en que fuera y representara a ella también. Belinda, que seguía decidida a no asistir, deliberadamente se levantó más temprano que de costumbre se fue a casa de Kimberly, donde afirmaba que pasaría el día.
“Esas reuniones son muy aburridas de todos modos”, dijo, mientras que su cometario de despedida fue, “deséale suerte a Nelson de mi parte”, añadió con un brillo en los ojos. “Espero que él haya conseguido lo que realmente quería”.
Decidí ignorarla por lo que ella y su risa tonta se fueron.
Yo estaba sola cuando Samuel tocó el timbre. Dejé que Carmelita lo saludara y le mostrase la sala donde yo le esperaba”.
“Bueno”, dijo mirando a su alrededor con nerviosismo. Llevaba traje y corbata, “¿tu hermana no está en casa?”
"Afortunadamente, no." Comenté.
Parecía aliviado por eso.
"Bien," murmuró aún  de pie en el umbral.
"¿Qué era tan importante que no podía esperar a más tarde, Samuel?" -Pregunté. "En sólo cuestión de unas cuantas horas más nos hubiéramos visto."
"No podía esperar ni un minuto más", dijo sonriendo como alguien que tenía un profundo secreto que quería revelar. "¿Te importa si me siento?"
"Por supuesto que no. Por favor, hazlo", le dije, y él tomó la silla al otro lado del sofá. Buscó a tientas su sombrero entre las manos por un momento y luego volvió a sonreír.
"Bueno, es un bonito día para la fiesta de compromiso de Childs," dijo.
"Sí, pero yo ya sabía sobre el tiempo antes de que llegaras, Samuel". Vio que mi paciencia era cada vez menor.
Por último, se aclaró la garganta, enderezó los hombros y empezó.
“Mientras venía he pensado que tú y yo no hemos estado juntos mucho tiempo, pero es evidente que hemos pasado momentos de calidad juntos, y así”, continuó, apenas respirando, “debería ser el valor del tiempo.  ¿Estás de acuerdo con eso?”
"Por supuesto", le dije.
“¿Entonces estás de acuerdo que nuestro tiempo juntos ha sido de gran valor?” preguntó animado.
"Yo no pasaría tiempo con usted si fuera de otra manera", le contesté. "No me gusta perder el tiempo”.
"Por supuesto que no. De hecho, eso es lo que me convenció de que no estaba hiendo demasiado deprisa, de que no estaba apresurando las cosas."
“¿Las cosas? ¿Qué cosas, Samuel?”
“Las cosas entre nosotros. Creo que puedo decirte esto. He disfrutado mucho de tu compañía,  pero lo más importante es que no quiero que termine. No me gustan las interrupciones”.
“¿Las interrupciones?” Moví ya la cabeza y sonreí con confusión. ¿De qué estaba hablando?
“Noches, mañanas, trozos de la tarde… me refiero a todo el tiempo que pasa entre nuestras citas,” dijo él.
Todavía estaba confundida.
“¿Qué estás diciendo, Samuel?”
“Te dije que no era un gran orador. Me cuesta un poco llegar a lo importante”. Se puso rígido en su silla. “Lo que quiero decir es que quiero tener una cita constante contigo, Olivia Gordon?”
“¿Qué? ¿Cita constante?”
Metió la mano en su bolsillo y sacó una pequeña caja. Su sonrisa se ensanchó mientras se levantaba de la silla y luego se puso de rodillas delante de mí.
“Pensé que esto te gustaría más si lo hacía a la antigua usanza”, comenzó él y abrió la caja.
En ella había un anillo de compromiso que rivalizaba con el que Carson McGil le había dado a Belinda, la montura de oro era muy más elegante.
“Me tome la libertar de comprar esto”, continuo Samuel, “con la esperanza de que te haría considerar seriamente un compromiso entre nosotros”.
Aturdida por el diamante y la propuesta de matrimonio tan repentinos, me senté atónita. Él permaneció de rodillas, sosteniendo el anillo en su caja delante de mí. Poco a poco, casi con miedo lo toqué, temiendo que desapareciera. Saque el anillo de la caja y lo miré detenidamente. Era impresionante.
“Como no tengo una madre que me aconsejara tuve que depender de la ayuda de un joyero experto”, dijo. “Espero que te guste”.
“Es muy hermoso.” Di un grito ahogado. Estaba hipnotizada por su mágico brillo.
“Pruébatelo”, exhortó.
Lo miré y luego lo hice, encajaba a la perfección. Giré mi mano para observarlo desde diferentes ángulos. Mi mano, que antes veía delgada y huesuda, ahora parecía pertenecer a la de una princesa.
“¿Cómo sabías el tamaño correcto?”
“Eso es porque hubo una pequeño conspiración”, confesó, “entre tu padre y yo. Él me consiguió uno de tus anillos”.
Dejé caer mi mano en mi regazo, como si anillo hubiera asumido un gran peso.
“¿Mi padre ya lo sabe?” gemí con decepción.
Samuel asintió.
“Yo no quería parecer demasiado atrevido”, dijo rápidamente. “Pensé que si tuviera uno de tus anillos,… bueno… como usted ve, funcionó.”
“No me gustan los secretos, sobre todo cuando no estoy enterada de ellos”, entoné como si me hubiera colocado detrás de un púlpito.
Él negó con la cabeza.
“Os aseguro. Nada más se hizo. Nadie más sabe esto”, dijo. “Por favor”, continuó, “no te lleves la impresión equivocada”.
Jugué con el anillo, tirando de el como si se fuera a despegar y luego convertirlo en mi dedo. Él miraba, sus ojos muy abiertos por el miedo y la anticipación.
"Yo creo con todo mi corazón que podemos tener una vida maravillosa juntos, y espero que tu sientas lo mismo", continuó, con los ojos fijos en mis dedos. "Compartimos intereses. Compartimos ambiciones. Espero que no te moleste", añadió cuando no respondí.
"Es tan repentino. Odio que me sorprendan. Me gusta la planificación".