lunes, 16 de julio de 2012

Capitulo 6: "Uvas Agrias" (3ª parte)


Entré en la sala para comentar con papá el trabajo que había hecho ese día. Parecía distraído y fue a ver como se encontraba mamá. Cuando regresó me dijo que ella dormía pero que seguía gimiendo de dolor.
“No me gusta”, dijo sacudiendo la cabeza. “No tiene fiebre. No es una gripe estomacal.”
“No eres médico, papá. Llévala a ver al doctor por la mañana.”
“Si”, dijo. “Tienes razón, Olivia. Siempre tienes razón cuando se trata de hacer las cosas bien. Me gustaría que Belinda tuviera una decima parte de tu sentido común”, dijo, “pero tengo miedo de que ella naciera sin ninguno”.
Casi media hora más tarde, la puerta se cerró y los dos nos miramos con sorpresa y expectación. Luego escuchamos a Belinda correr por las escaleras.
“¿Qué es eso?”
“No sé”, dije. “Voy a averiguar”.
“Luego regresa y me informas de lo que ha sucedido”, dijo.
Asentí con la cabeza y seguí a Belinda por las escaleras hasta su habitación. Ella había cerrado la puerta. Toqué suavemente y abrí para encontrarla tendida sobre su estomago, la cabeza le colgaba por un lado de la cama. Ya no lloraba tanto pero esta furiosa.
“¿Qué paso?” le pregunté.
Se dio la vuelta y vi que su cara estaba un tono más oscuro que el color rosa, los labios blancos por las esquinas. Sus ojos ardían de furia.
“Dice que no puede casarse conmigo ahora. Dice que pasó todo el día pensando en ello y tuvo una discusión con sus padres referente a eso y que están de acuerdo con él. Ahí es donde estuvo todo el día, hablando con su madre y su padre en lugar de hablar conmigo. Quiere que le diga a papá que el pagará todos los gastos que pudieran haber incurrido hasta el momento. Tiré mi anillo de compromiso por la ventanilla del coche.”
“¿Qué?”
“Abrí la ventanilla del coche y tire el anillo. Ahí es donde hemos estado la mayor parte del tiempo. Él estaba allí en el camino con su linterna buscando en la suciedad. No lo encontró”, dijo con satisfacción. “El volverá por la mañana. Espero que pase el resto de su vida buscándolo”.
“¿Cómo has podido tirar un anillo que vale miles de dólares?”, me gritó. Me reí en su cara. Le dije: ¿Cómo se puede tirar a una mujer como yo, solo porque has oído algunos rumores y te has creído algunas historias? Habrías estado orgullosa de mí, Olivia. Le dije que era un fideo endeble, húmedo, un niño de mamá y que la única manera de meterse en la cama con una mujer era ir a un barrio oscuro y pagar a una prostituta, aunque seguro que ella lo rechazaba de todos modos.”
“Tenías razón. Realmente no me ama, de lo contrario no me haría esto. Le dije que todavía me debe un día de compras y cena en Boston.”
“Así que la boda se ha cancelado”, le dije asintiendo con la cabeza.
“Papá se va a volver loco por el asunto, pero no pude evitarlo, Olivia.”
“Yo se lo explicaré”, le dije.
“¿Tu? Por favor. Gracias, Olivia. Soy tan afortunada de tenerte como mi hermana mayor. Eres muy inteligente. Gracias por tus buenos consejos también”, dijo. “Bueno”, continuó casi sin inmutarse, “Creo que debería llamar a algunos de mis amigos y hacerles saber que soy un alma libre de nuevo. ¿Eh? No se puede dejar crecer el musgo bajo los pies”, dijo y se fue al teléfono.
La vi por un momento antes de salir a ver a papá. Otras mujeres tendrían el corazón roto y llorarían toda la noche, pero Belinda se comporto como hubiera perdido solo un día en la escuela.
Papá levantó la vista de su escritorio tan pronto como aparecí por la puerta.
“¿Y bien?” dijo antes de que yo hubiera entrado por completo en el despacho.
“Carson rompió su compromiso. La boda se ha cancelado, papá.”
“Tenía miedo por ello”, dijo papá después de contener la respiración un momento. “Va a ser devastador para tu madre”.
“Él dijo que con mucho gusto pagaría las facturas de todos los gastos. Belinda arrojó su aniño de compromiso por la ventanilla del coche”, añadí rápidamente para que no me preguntará si había alguna posibilidad de reconciliación.
“¿Ella hizo qué? ¿Lo arrojó por la ventanilla? ¿Lo encontraron?”
“No”, dije. “Dios mío. Ese anillo valía veinticinco mil dólares, Olivia. McGil se jactaba de ello el otro día”.
“Así es Belinda,” le dije y se encogió de hombros.
“Ella esta loca. Nuca vamos a encontrar a nadie para ella ahora, no después de que la historia se sepa.”
“Tal vez no, papá”, le dije. “Tal vez tengamos que enfrentarnos a todo esto y hacer lo mejor que podamos”.
“Si”, dijo. “Tal vez sea así.” Bajo la mirada hacia su escritorio y luego alzó los ojos cansados y tristes hacia mi. “Bueno, creo que sería mejor poner mi mente y mi energía en tu bienestar, Olivia. Tendría más oportunidad de éxito”.
“Voy a estar bien, papá.”
“Se que lo harás. Ese es mi consuelo”, dijo. “Pero no se puede descuidar porque es un fracaso en todos los sentidos y en todo lo que trate de arreglar para ella.”
Él se levantó.
“Creo que voy a tener que subir y darle la noticia a vuestra madre. Podría esperar hasta mañana si todavía está dormida”, dijo.
“Deberías hacerlo de todos modos, papá. Dele la oportunidad de dormir una buena noche para que pueda recuperarse de ese problema de estómago.”
“Si, si, tienes razón otra vez, Olivia.” Se detuvo frente a mí y me besó en la frente.
“Buenas noches y gracias por ser mi pequeño general”, dijo.
Estaba tan angustiado, estuve a punto de arrojar esas lágrimas que se habían formado bajo mis párpados, pero se quedaron donde estaban. Lo vi salir con los hombros caídos, la cabeza gacha. Estaba tan deprimido; madre estaba arriba, enferma, y Belinda estaba charlando alegremente por teléfono, bastante recuperada de su ruptura con Carson. En un día sería como si él no hubiera existido para ella.
Si, pensé, uno de estos días, tal vez años, Carson McGill me encuentre. Él asentirá con la cabeza, tal vez se quite el sombrero y de las gracias.
Yo estaba tan segura de eso como de las promesas que papá había hecho para mí.