lunes, 23 de abril de 2012

Capítulo 5: "En la capilla" (1º parte)

Si alguno de mis padres se había dado cuenta de que Nelson y Belinda habían ido a nadar, no hicieron ninguna mención de ello antes de que la noche terminara. Después de que Belinda bajara las escaleras, ella y Nelson tenían hambre de nuevo, probablemente por haber retozado en el agua, así que tomaron postre y café. Yo también tome un poco de café. Nelson yo mantuvimos la mayor parte de la conversación, charlando sobre política, sobre Cape Cod y sobre empresas. No hubo música después de la cena, ni entretenimientos. Así que una vez que terminamos, el coronel Childs declaró que era el momento de que el y su familia se fueran. Nelson tenía que volver a la facultad de derecho temprano al día siguiente.
En la puerta Nelson se volvió para mirarnos a Belinda y a mí. Papá me miró emoción en sus ojos, pero yo negué con la cabeza. Después de que mamá subiera las escaleras con Belinda, mi padre me llevo a su oficina.
¿Y bien? ¿Cómo se llevan?, preguntó.
Pensé durante un momento y luego me deje caer en el sillón de cuero junto a su escritorio.
Tan mal como me esperaba, le dijo. Ella hizo el ridículo, como siempre. ¿Qué? Papá se sentó detrás de su escritorio. ¿Qué sucedió? Parecían llevarse bien durante la cena.
Ella quería ir a pasear por la playa, tenía algo escondido en la manga, papá. Se quito la ropa y lo desafió a nadar con ella.
¿Se quitó la ropa?
Pensé que me iba a morir de la vergüenza.
Oh, no, dijo papá, su cara, perdió el color que había adquirido a causa del vino.
Oh, si. Yo intenté que se comportara, pero no sirvió de nada. Belinda siempre será Belinda, papá. También podríamos aceptarlo.
El asintió tristemente con la cabeza.
Bueno, lo intenté. Tuve una idea y lo intenté. El me miró, sus ojos vidriosos. Estoy cansado. Voy a dormir un poco, dijo.
No te preocupes, papá. Vas a encontrar algo mejor todavía, le dije. El sonrió de forma rápida y me dio una palmadita en el hombro.
Bien, bien, dijo.
Como sospechaba, Nelson Childs estaba buscando una mujer más sustancial, añadí cuando salí de la oficina. Belinda no es adecuada para él. Ya veo, murmuro papá detrás de mí, pero el nunca sugirió ni menciono si Nelson sería un buen pretendiente para mí. Sin embargo, no me voy a dar por vencido. Tengo algo más en la manga, dijo papá.
Me volví hacia la escalera.
¿Qué?
Dame unos días para que pula los detalles, respondió enigmáticamente. Pensé que quería decir que iba a idear otro método para unir a Belinda con Nelson, pero el tenía una perspectiva totalmente diferente en el punto de mira, y fue este plan, es sus términos, más sensato desde el punto de vista empresarial. Además, el pensaba que podría ayudar si llevábamos a cabo una de nuestras reuniones familiares y prevenir a Belinda de lo que se iba a hacer.
Así que podemos evitar malentendidos y malos comportamientos, explicó, cuando tres días más tarde anunció su decisión de celebrar la reunión.
Eso es lo mismo que desea el mundo entero, papá, desear que Belinda no tenga un mal comportamiento.
Vamos a ver. Ya veremos, dijo, había determinación en sus ojos. De vez en cuando papa tenía esa mirada cuando hablaba de nuestra familia, nuestro negocio, nuestro hogar o nuestras vidas. Madre incluso tomaba notas con cosas que quisiera preguntarle o comentarle. Había un libro sobre nuestra historia familiar, de las cosas importantes. Mamá tenía allí apuntadas fechas importantes, como cumpleaños, confirmaciones, vacunas, enfermedades infantiles, graduaciones y otros eventos importantes. Mantener el registro de nuestras vidas era algo importante para papá. Nos hacia parecer más importantes.
Por fin decidí que era mejor tener una conversación con Belinda sobre Nelson Childs sólo para ver si ella tenía esperanzas de una relación sentimental con él. Nelson no había llamado como había prometido, pero tratar de averiguar lo que Belinda estaba pensando en un momento determinado era como tratar de aprovechar el viento.
Entré en su habitación y saqué el tema mientras ella se estaba preparando para la cama.
¿Nelson? Dijo, diciendo su nombre como si lo hubiera conocido íntimamente durante años. No lo creo. Ella se miro a si misma como en sueños en el espejo, se arreglo el pelo y luego, con una meca dolorosa, se estudió una mancha pálida en la barbilla.
Si, Nelson Childs.
No pienso mucho en él, dijo con fastidio. No creo que sea muy divertido.
¿Qué quieres decir? Yo todavía sospechaba. Ella podría haber contactado con él sin que yo lo supiera. ¿Estas segura de que no disfrutaste con él en la cena de la otra noche, ni cuando os pusisteis en ropa interior y os bañasteis desnudos a la luz de la luna?
¡Oh, que gran día!, dijo. Se volvió hacia mí. Nunca había hecho algo así. Parecía divertido y quería hacerlo.
¿Entonces por que no piensas en el ahora?
Es demasiado… estudioso. Todo lo que hablamos mientras fuiste a por las toallas fue de la escuela y de sus planes políticos. El cree que va a ser presidente de los Estados Unidos algún día. Pensé que era aburrido y se lo dije, agregó. Hablaba de lo mismo que cuando comíais pastel de chocolate, ¿recuerdas?
Yo estaba asombrada. Con la misma despreocupación con la que ella podía deshacerse de una vieja revista, podía deshacerse de un pretendiente como Nelson Childs. ¿Por qué era aburrido? Nelson Childs nunca podría ser aburrido, pensé. Ella era la aburrida. Déjame entender, le dije. En la playa, después de que ambos nadarais casi desnudos, ¿le dijiste que pensabas que era aburrido?
Si, lo hice.
¿Y el que hizo?
Solo se rió. Se reía de todo. Así que ya ves, estoy segura de que no piensa mucho en mí. No me ha llamado, ¿verdad? Le enviamos su ropa interior a su escuela y él ni siquiera ha llamado para darnos las gracias, ¿verdad?
Ella tenía razón en eso. Me decepcionó mucho que no respondiera. Yo había hecho grandes esfuerzos en empacar la ropa para que nadie me hiciera preguntas embarazosas.
Francamente, no me importa si llama o vuelve otra vez. No quiero pensar en él.
Bien, le dije. No pienses en él. Se dio la vuelta en el espejo.
¿Por qué te enfadas? Me miró un momento y luego sonrió. Te gusta, ¿verdad Olivia?, dijo. ¡Por fin te enamoraste de alguien!
Eso no es cierto.
Si es verdad. Claro que es verdad. Mi hermana esta enamorada, declaró a su imagen en el espejo. ¿Sueñas con él, fantaseas con estar con él? ¿Por qué no le llamas? ¿Por qué no vas a la universidad a visitarlo?, preguntó sin dejar de mirarse a si misma en el espejo. Era como si estuviera hablando consigo misma.
Yo no persigo a los hombres, Belinda, replique. Y además, yo no he dicho que estuviera enamorada de él. Tú lo has dicho.
Lo estás, dijo con confianza y se volvió hacia mí. ¿Por qué ocultarlo? Yo nunca lo hago. ¿Y por qué no se puede perseguir a un hombre? ¿Qué los hace tan especiales?
No son ellos los especiales. Nosotras lo somos. Es por eso que no debemos actuar de forma desesperada. Te lo juro, hablar contigo es como hablar con una niña de cuatro años.
No te enojes conmigo porque si lo haces le diré a Nelson que estás enamorada de él.
No lo harás, grite.
Si, yo podría decírselo mañana mismo.
Si haces algo por el estilo, Belinda Gordon, yo personalmente te arrancaré la lengua, amenacé.
Ella sonrió con picardía, con los ojos llenos de alegría.
Belinda te lo advierto.
Bueno, bueno, dijo ella, pero ella no dejo de burlarse de mí durante unos días, hacia cosas como fingir que estaba hablando con Nelson por teléfono o que le escribía notas en el cuaderno. No le importaba como la maldecía y la miraba, ella simplemente se echaba a reír. El pequeño general esta enamorada, cantaba.
Le conté a papá acerca de sus payasadas en la oficina, pero el no la castigó. En su lugar, le compró un pájaro en una jaula dorada. Ella quería una. Parecía que no importaba lo que ella hiciera o como se comportara, papá siempre le regalaba cosas, mientras que a mi me daba un pequeño sueldo. Su justificación era que yo podía comprar lo que quisiera. Belinda no podía. Pero, ¿de quien era la culpa sino era suya?
Sabía que papá tenía un motivo escondido cuando le compró el pájaro, pero predijo que el pájaro se moriría de hambre o por alguna otra forma de abandono.
No, replicó Belinda. Va a ser muy feliz viviendo en mi habitación, una habitación llena de sol incluso los días de lluvia. ¿No es así, mamá?
Si, querida, respondió mamá como si fuera un juguete al que le habían pulsado el botón.
Sin embargo, hubo que recordar a Belinda que limpiara la jaula y le diera de comer al pájaro todos los días a partir de entonces, finalmente, quejándose preguntó por qué la asistenta no podía hacerlo, así como todo lo demás.
El siguiente martes por la noche, papá declaró que tendríamos una reunión de la familia después de cenar. Había cosas importantes que discutir.
Oh, no, otra de esas horribles reuniones, Belinda lloró en la mesa durante la cena. Yo no hice nada malo, papá. ¿Alguien dijo algo? Preguntó mirándome.
No se trata de que alguien haya hecho nada malo, dijo.
¿Hemos gastado mucho dinero en ropa otra vez? Preguntó mirando a mamá.
Por la expresión de papá, pude ver, que el no sabia nada de eso.
Vamos a esperar hasta después de la cena, Belinda, respondió mamá rápidamente. Lo que ella había gastado en Belinda, no quería que papá pensara en eso ahora. Es mejor para la digestión, dijo, si no hablamos de asuntos pesados mientras comemos.
¿Y por qué tenemos que discutir ningún asunto pesado? Se quejó. A los hombres les gusta discutir temas pesados, pero las mujeres no deberían tener que hacerlo.
Lo que acabas de decir es ridículo. Las mujeres no somos menos inteligentes, Belinda En muchos casos, son más inteligentes, dije.
¿Quién quiere ser inteligente? Murmuró.
Belinda hizo un mohín y deliberadamente solo mordisqueaba la comida, pero yo estaba intrigada. Papá todavía no me había dado los detalles de lo que se iba a hablar. Solo sabía que tenía que ver con el futuro de Belinda, otra solución, tal vez, pero papa había cumplido su plan.


viernes, 20 de abril de 2012

Capitulo 4: "Siempre una dama" (3º parte)

Papá había dispuesto la mesa para que Nelson se sentara entre Belinda y yo. Belinda pasó gran parte de la noche riendo y susurrando al oído de Nelson. Mamá trato de regañarla de vez en cuando, pero papá había cometido el error de dejar que ella tomara dos vasos de vino. Es la hizo más alocada.
La conversación en la mesa fue desde la política hasta la moda. Cuando Nelson hablaba, todos escuchaban. Tenía un aire carismático, una presencia imponente y una lingüística elocuente. Me encontré a mi misma de acuerdo con casi todo lo que él decía  y se lo hice saber. El parecía darse cuenta de que durante un tiempo su atención estaba en mí mucho más que en Belinda, quien, como yo esperaba, estaba aburrida e inquieta.
Sin embargo, me sorprendió cuando termino la cena y el café iba a ser servido.
No quiero tomar café. ¿Por qué no damos un paseo por la playa en lugar de tomar café? Propuso ella.
Nelson lo consideró.
No es una mala idea. Es una noche muy cálida, dijo. Me miro y vi que iba a hacerlo.
Estaría bien, intervine, de mala gana di por buena la sugerencia de Belinda.
Nos excusamos. Papá estaba muy contento. El pensaba que su plan estaba funcionando. Cuando empezamos a salir del comedor, el se inclinó para susúrrame.
Es un buen partido, ¿eh Olivia? Una manera perfecta de resolver nuestros problemas, dijo.
Me miro y luego, respondí en tono claro y definido. Pensé que el coronel era un buen amigo tuyo, papá. ¿Cómo puedes hacerle esto?
La sonrisa desapareció de su cara como si lo hubiera abofeteado.
Ella no es un mal partido, Olivia. Es la chica más guapa de Provincetown, dijo.
Sentí como si mi corazón fuera apretado fuertemente por un puño, comenzó a dolerme el pecho. Las lágrimas se congelaron bajo mis párpados. Tragué saliva y asentí con la cabeza.
Cierto, le dije. Lo había olvidado.
Di media vuelta y me encontré con Belinda y Nelson en la puerta que conducía al sendero camino de la playa.
Fue una noche gloriosa con tantas estrellas en el cielo que pareciera que estuviera lleno de miles y miles de cristales brillantes. El aire era cálido y más húmedo de lo habitual.
Mira las estrellas, declaró Belinda. ¿No es esa la Osa Mayor?
¿Dónde? Nelson dio un paso hacia su lado y señalo al cielo. No, eso es la Osa Menor. Ahí, dijo, junto detrás está la Osa Mayor.
Yo ni siquiera sabía que había también una Osa Menos, ¿Tú lo sabias, Olivia?
Por supuesto, le dije.
¿No te encanta la forma en que las estrellas brillan en el agua? Dijo Belinda de seguido. Ni siquiera había tomado nota de mi respuesta. Ella tomó la mano de Nelson y tiró de él. Vamos, vamos a quitarnos los zapatos y a correr sobre la arena.
¿Qué?
Eso es ridículo Belinda. Lleva unos zapatos muy bonitos y..
No, todo está bien, dijo Nelson riendo. Creo que podría disfrutar de la arena.
Se sentó a su lado y se quitó los zapatos y los calcetines. Entonces el me miró.
¿No te unes a nosotros, Olivia?
El agua esta fría, dije.
No, no lo esta, dijo Belinda saltando. A Belinda le solía aterrorizar el océano, le dije. Bueno, ya no lo hace, exclamó. Tengo que entrar en el de vez en cuando para refrescarme, ¿recuerdas? Soy la señorita caliente.
Nelson se rió y le tiro de la mano de nuevo. Vi como ellos dos se fueron corriendo hacia las olas.
Te vas a mojar, grite, pero el rugido del mar ahogaba mi voz. De mala gana, me quité los zapatos y los calcetines y me acerque a ellos.
Belinda chilló y continuó salpicando y corriendo con Nelson aferrado de la mano. Su risa era arrastrada por el mar. De repente, Belinda se detuvo. Estábamos a unos kilómetros de casa y delante de nosotros la playa estaba oscura y desierta.
El agua esta caliente y no hace mucho frio ¿verdad? Preguntó Belinda.
No, dijo Nelson. Sorprendentemente no lo hace. El me devolvió la mirada.
No es exactamente una bañera, le dije.
Voy a entrar, declaró Belinda repentinamente.
¿Qué? La cara de Nelson brillo a la luz de las estrellas, su sonrisa era suave.
Bañarte desnuda. No. ¿Alguna vez has hecho eso? ¡Belinda! Llore. No te atrevas.
Oh, pero todo esta muy oscuro, dijo. No se puede ver mucho de todos modos. ¿Alguna vez te has bañado desnudo, Nelson? Le desafió ella.
Oh, si, pero…
No mires a menos que entres después de mí, declaró y se desabrochó la blusa.
Belinda, para ahora mismo, le ordené. Se quitó la blusa y rápidamente se deshizo de su falda. Un momento después, ella estaba de pie en sujetador y bragas.
Ahí voy, grito y corrió hacia las olas. Nelson me miró.
¿Qué dices? Preguntó.
Por supuesto que no. Voy a volver a casa, le dije, el corazón me latía con fuerza.
Parece atractivo, dijo, asintió con la cabeza y luego se quito la camisa.
Me miró, sorprendido mientras se deslizaba los pantalones, ni estaba, ni mucho menos, inhibido por mi presencia. Luego llamó a Belinda y entro en el mar. Vi a los dos salpicándose y retozar en el agua. Ella se arrojó en sus brazos y ambos se hundieron durante un momento, resurgieron y rieron como unos adolescentes. Yo estaba fascinada, celosa y enojada, do al mismo tiempo.
Si no vas a entrar, tal vez puedas ir a conseguir unas toallas, gritó.
Si, Olivia. Eso estaría bien.
Belinda salió un poco del agua, la luz de las estrellas hacia brillar su pecho. Sus bragas se habían vuelto trasparentes y los bóxer de Nelson tampoco cubrían mucho.
De acuerdo, grité. Ya vuelvo.
Me apresuré a través de la oscuridad, deslizándome sobre la arena, maldiciendo a Belinda en voz baja. Cuando llegué a casa, tuve la precaución de entrar y llegar hasta la lavandería sin que nadie me viera. Recogí unas toallas y salí corriendo, sintiéndome como una conspiradora. En el momento en que regresé, ambos estaban fuera del agua, sentados muy cerca el uno del otro.
Date prisa, nos estamos congelando, gritó Belinda.
No lo dudo. Probablemente cojáis una neumonía o algo así.
Estaremos bien, dijo Nelson. Traté de no mirarlo cuando le di la toalla y luego le eche otra a Belinda.
Es mejor quitarse la ropa húmeda, dijo Nelson apartándose un poco. Se envolvió la toalla a su alrededor y se quito la ropa interior. Belinda, no tan modesta, se quitó el sujetador y las bragas. Yo estaba entre ella y Nelson y la cubrí con la toalla tan pronto como pude.
Cualquiera os podría mirar darse cuenta de que habéis estado bañándoos en el mar, dije después de que se hubieran vestido.
Vamos a ir a mi habitación y me secare el pelo, sugirió Belinda.
Ellos dos empezaron a ir hacia la casa, yo los seguía, sintiéndome como una tercera rueda. Fuimos hasta la habitación de Belinda y los dos se secaron el pelo. Belinda entro en el cuarto de baño y se puso unas bragas y un sujetador secos.
Dejemos esto aquí, dijo sacando sus calzoncillos mojados. Hasta que estén secos.
Puedo ponerlos en la secadora, sugerí.
No, no hay problema. Estoy bien, dijo. Miro a Belinda. Sus ojos deslumbraban por el entusiasmo y la rosa.  Estuvo genial, dijo. Nunca pensé que una de las cenas de mis padres pudieran ser así de emocionantes. Gracias.
Se volvió hacia mí.
Bueno, supongo que será mejor que cambiemos la cara y finjamos que todo esta bien. ¿Cómo me veo?
Bien, dije de mala gana.
 En seguida termino, intervino Belinda.
Nelson y yo salimos y comenzamos a descender la escalera. Podíamos oír a nuestros padres hablando en voz alta en la sala de estar.
Tu hermana es estupenda, dijo.
Tú no tienes que vivir con ella, le contesté. Se echo a reír.
Si, apuesto a que es interesante, ¿eh?
Interesante es un eufemismo, le dije. Se rió de nuevo.
Era lo suficientemente inteligente como para ver mi situación. De eso yo estaba segura. Pero ¿Qué importaba?
Los hombres eran ciegos. Algunos de ellos, de forma deliberada, pensé.

domingo, 15 de abril de 2012

Capitulo 4: "Siempre una dama" (2º parte)

No se si madre creyó la mentira. Si no fue así no dijo nada. Incluso se compadeció de la pobre Belinda, simpatizándose con ella, esta se aprovechaba de la situación hasta que veía mi hostil mirada. Entonces se detenía y se iba a su habitación.
Papá al día siguiente llegó a la conclusión que la única cosa que podíamos hacer, al menos por el momento, era encontrar algún trabajo para ella en la oficina.
Por lo menos, de esa manera, vamos a ser capaces de mantener un ojo sobre ella la mayor parte del tiempo, razonó. Me reuní con el en su despacho sin la presencia de mamá.
¿Qué puede hacer, papá?
Ponla a archivar, Olivia.
¿Archivar?
Búscale trabajo, que lo haga y mantenla ocupada. Por favor, rogó. Enviarla a otra escuela solo sería una perdida de tiempo y dinero. Ella no va a estudiar.
¿Qué es lo que esperas de ella, entonces?, le pregunté.
Espero que…. Esperamos encontrarle un marido adecuado tan pronto como sea posible, respondió.
¿Antes que a mí? Quería yo preguntar. ¿Usted quiere prepararle a ella una boca en nuestra casa antes que a mí?
¿Te refieres a pasarle la responsabilidad a algún pobre inocente, dije.
Ella tiene algunas cualidades que recomendar, Olivia. Es una mujer joven y atractiva. ¿No crees que podría madurar un poco ahora?
No, dije con firmeza. No si usted la sigue eximiendo de cada acto de mala conducta.
Se me quedó mirando y suspiro. Por favor, por favor, no hagas esto más difícil de lo que ya lo es  para nosotros, Olivia, suplicó.
¿Por qué era el así? ¿Dónde estaba el hombre fuerte, firme, que dirigía las empresas con autoridad? Tal vez madre tenía razón, tal vez papá era como todos los demás hombres, fácil de manipular, después de todo. Tal vez mi madre era la más inteligente de los dos.
Estás siendo un necio, papá, le dije sin caridad. Eres un estúpido por creerte sus lágrimas y sus gemidos, y sus bateos de pestañas.
Él se puso blanco antes de que la sangre le volviera de golpe al rostro.
Eso no es cierto, Olivia. Es lo que he dicho antes, lo que he tratado de hacerte entender, sobre todo… la familia, la familia es lo más importante. Tenemos que proteger a Belinda porque es el eslabón más débil. Tenía la esperanza de que hubieras captado todo eso y de que pudieras ayudarme, dijo.
Entendido, papá, cedí. Voy a tratar de encontrarle algo que pueda hacer, intentar de nuevo convertirla en alguien respetable y responsable.
Eso esta mejor, Olivia. Ahora estas siendo una verdadera Gordon, dijo.
Sin embargo, me tomo mucho más tiempo resignarme a la lógica de papa en que hacer estas cosas llegará a dar los resultados que él quería. Belinda, por supuesto, aceptó con mucho entusiasmo el ir a trabajar a la oficina, pero cada mañana, ella se negaba a levantarse a tiempo. Todas las mañanas, tenía que ir a despertarla y apurarla para que se vistiera rápidamente. La mayoría de los días papa se iba a la oficina sin mí y yo tenía que ir después con Belinda. Ella siempre llegaba medio dormida, quejándose de tener que levantarse tan temprano.
Si somos los dueños ¿por qué tenemos que llegar a estas horas tan estúpidas? Preguntó ella
Precisamente porque somos los dueños del negocio, Belinda. Si no nos preocupamos por el ¿Quién lo hará? Los empleados no sienten por la empresa la misma pasión que nosotros. Esto es lo que significa ser responsable y tener éxito, le dije a modo de discurso, pero mis discursos, al igual que lo que habían conseguido los discursos de los maestros durante toda su vida, le entro por un oído, dio una vuelta por su cabeza mezclándose de tal manera que ya no tenía sentido para luego ser arrojado por el otro oído.
Ella iba y venia por la oficina como una sonámbula, haciendo en horas lo que a cualquiera le tomaría solo un minuto. Todo la distraía. Podía pasar una hora mirando por una ventana. Se paraba a hablar por teléfono con sus amigos cada vez que podía, a pesar de mis repetidas advertencias y de mis castigos constantes. Cada vez que la regañaba, ella lloraba y salía corriendo a buscar a papá quien luego me pedía que le mandara cosas más fáciles.
¿Más fáciles? Lloriquee. Incluso en poco trabajo que ella realiza tiene que ser hecho de nuevo. Coloca mal todos los archivos, sin orden alfabético, pierde todos los documentos,…lo esta haciendo deliberadamente, papá. Es su juego de siempre. Ella quiere regresar a casa y por eso lo hace todo mal, espera que renuncies a que ella esté aquí.
Lo sé, dijo. Por favor, ten un poco más de paciencia con ella. Sigue intentándolo, instó.
Una vez más, me pregunté por qué. ¿Qué es lo que hace para que papá sea tan suave, tan flexible y le perdone todo? Estuve a punto de preguntárselo, él se limitó a mover la cabeza y me rogo que siguiera esperando y confiando y tratando de hacer de ella una mejor persona.
Papá no había olvidado su intención de casarla tan pronto como fuera posible. El intento que había hecho para arreglar una relación entre Clayton y yo fue olvidado por completo, sin embargo, me pusieron a un segundo plano perenne y Belinda pasó a primer lugar. No fue algo que hiciera de forma evidente, sin embargo, era como la pesca. Lanzó su cebo y se quedó a la espera que los peces picaran.
El primer gran intento se produjo cuando Childs fue invitado a una cena muy elegante en nuestra casa, mucho más elegante que la que se había hecho para atrapar a Clayton para mí. El Coronel Childs era el abogado de papá y su hijo Nelson estaba cursando su último año de derecho. Ningún pez nadaba mejor en nuestras aguas, y yo estaba empezando a pensar que no había mejores tiburones que Belinda nadando con ellos.
Cuatro o cinco veces al año, papa daba una cena muy elaborado, por lo general invitaba a diez o quince personas, contrataba a personal de servicio y a  un catering para que elaboraran una cena de seis platos. A veces, incluso había entretenimientos: un pianista o un violinista para después de la cena. Belinda siempre odiaba estas cenas. Eran demasiado formales y se exigía demasiado de ella. Tenía que comportarse de forma correcta, seguir la etiqueta y evitar decir o hacer tonterías. A ella nunca le gustó la música, ni sentarse en silencio y ser obediente. Por lo general, papa o mama la excusaban cuando la noche iba por la mitad y ella se retiraba a su habitación a chismear con sus amigos por teléfono.
Me di cuenta que algo fuera de lo habitual había sido pensado cuando descubrí que papá solo había invitado al coronel y su familia a cenar. Yo sabía que el coronel también lo sabría, por supuesto. Venía por nuestras oficinas muy a menudo, por una razón u otra.  Papá estaba involucrado en varias empresas comerciales, y en estos días, siempre había alguna pregunta o problema legal que debiera abordarse. En una cena social conoció a su esposa, Elizabeth, una mujer atractiva, de una de las mejores familias de Nueva Inglaterra. Tuvieron un solo hijo Nelson, que se parecía a su madre en altura y a su padre en buena presencia.
Nelson Childs era uno de los adonis que se deslizaban a través de la escuela secundario con en una alfombra mágica, tenía éxito en los estudios, en los deportes y en la vida social. Siempre se veía bien, organizado y relajado. Los profesores siempre se ponían de su parte y le admiraban. Él era educado, obediente, y sin embargo, no era el pelota del profesor. Él se ganó el respeto de sus compañeros y fue elegido delegado de la clase, capitán del equipo de baloncesto y de beisbol, y fue ganador del premio al mejor estudiante masculino de la escuela en la graduación.
Coincidimos durante cinco años, pero bien podría haber sido una década. A pesar de que su padre era el abogado del mio, Nelson apenas se dio cuenta de mi existencia en la escuela o en cualquier otro lugar parecido. Es probable que no me pudiera ver sobre las cabezas de las chicas que siempre estaban a su alrededor como si fueran sus damas de compañía a la espera de que conseguir su atención, ser su novia, conseguir una cita, o simplemente convertirse en el objeto de su interés inmediato.
Sus ojos eran color marrón avellana y las pocas veces que estuve lo suficientemente cerca de el pude ver que tenía puntos dorados en ellos. En mantuvo su pelo castaño claro corto, pero con un poco de tupé para darle algo de forma y estilo. Tenía una sonrisa magnética, iluminando su cara con un brillo que calentaba al objetivo de aquella sonrisa. Cupido, creo yo, se montó sobre los hombros de Nelson, y lanzaba flechas solo para su diversión propia.
De alguna manera Nelson navegó por esas aguas amorosas sin que su buen nombre se viera perjudicado. Él nunca fue constante pero no hizo enemigos femeninos durante sus juegos. Era como si todas las chicas con las que había salido comprendieran que él no podía ser capturado. Nunca pertenecería a una sola chica, le pertenecía a todas.
Empecé a escuchar las conversaciones entré en Coronel y mi padre en las que se mencionaba el nombre de Nelson. Yo sabía que estaba en su último año de derecho y, sin embargo no había conocido a nadie que se ganara su interés romántico. La expectativa era que Nelson se graduara, aprobara sus exámenes finales y luego se fuera a trabajar a la empresa de su padre. Todo lo que quedaba era para planificar su familia y comenzar una existencia perfecta, al igual que la que tenía su padre.
Mis recuerdos de Nelson y lo que había sabido de él al escuchar aquellas conversaciones me hizo dudar sobre la sabiduría del plan de papá. ¿Qué haría un hombre como Nelson Childs con una mujer frívola, presumida y joven como mi hermana Belinda? Papá no solo estaba desperdiciando su dinero en este tipo de cenas para llegar a este propósito, sino que también le estaba haciendo perder el tiempo a todos. Belinda, pensé, en primer lugar se dejará intimidar por un hombre con la inteligencia de Nelson, y en segundo lugar, ella nunca querrá establecerse con una persona tan firme y organizada en sus propias creencias. ¿Por qué papa no podía ver eso?
Mis recuerdos de Nelson se vieron desbordados por su aspecto real la noche de la cena. Para mí, aunque yo trataba de no demostrarlo, era como si fuera una celebridad que hubiera visto en la televisión, en las películas o revistar, de repente poner un pie en mi casa. En el tiempo que había pasado desde el colegio había madurado. Parecía un hombre sustancioso ya, un joven de estatus, agradable y consumado. Mi madre estaba encantada. Papá sonrió a las perspectivas y Belinda se excitó cuando Nelson le fue presentado antes a ella que a mí. Cuando me lo presentaron a mi, sonrió y riendo me recordó de la secundaria.
Si, me acuerdo de ti. Tú eras una niña muy seria, dijo. A Belinda aquello le gustó.
Lo sigue siendo, dijo ella. Todo el mundo la llama señorita fría y a mi me llaman señorita caliente.
¿En serio? El la miró un momento con un interés que me dio envidia.
Solo sus amigos chicles dicen esas cosas, comenté.
¿Chicles? Pregunto volviéndose hacia mí.
Con pomas de chicle en lugar de cerebros, dije y él se rio.
 Nuestros padres se fueron a la sala de cocteles y aperitivos mientras nosotras le enseñábamos la casa a Nelson. Él se quedo contemplando los libros de papá en la biblioteca, comentando la buena colección de libros que había.
Nunca leí ni uno de ellos, se jactó Belinda como si aquello fuera un logro.
Hice una mueca a la espera de la reacción de Nelson, pero el simplemente se echó a reír. Bueno, si dicen que un poco de aprendizaje es peligroso, Belinda no está en peligro, declaró.
Me reí cuando Belinda lo hizo, pensando que ella no entendía realmente que se estaba burlando de ella. ¿O no lo estaba? Su mirada se detuvo en ella cuando esta se echó a reír. Su risa era música y tenía una manera de iluminar los ojos y hacer brillar la cara que siempre destacaba, no importaba donde estuviéramos. Era como si una vela de la feminidad se hubiera colocado en su corazón y cualquier tontería la encendiera y ardiera, y se reflejaba en los ojos de todos los hombres que la miraban con interés.
¿Cuáles son sus intereses, Belinda? Preguntó.
¿Intereses?
Lo que quiere decir, es que qué haces en tu tiempo libre, Belinda. Que es realmente, la mayor parte de su día ahora. Belinda solo clasifica algunas cosas en la oficina, revelé, esperando parar su curiosidad y mostrarle rápidamente que Belinda era alguien con poca capacidad.
Y lo odio también, dijo ella rápidamente y volvió a reírse. Los veranos son para divertirse, no para trabajar. Nadie de nuestra edad debería tener que trabajar en verano, declaro.
La mayoría de las personas no son tan afortunadas como nosotros, Belinda, y tienen que trabajar para ganar dinero para vivir y asistir a la escuela, le recordé.
Ella se encogió de hombros como si yo hubiera dicho algo tan insignificante que no mereciera respuesta.
Bien, somos afortunados. Lo acabas de decir. ¿Entonces por qué trabajo?, contesto ella. Nelson se rio otra vez. Ella es incorregible, dije. El asintió con la cabeza.
Si.
¿Eso es malo? Preguntó Belinda. Nelson lo pensó por un momento.
Tal vez no, dijo. Tal vez es refrescante de vez en cuando. Me miro rápidamente. Entiendo que no lo será para usted y su familia, Olivia.
Ahora era mi turno para encogerme de hombro.
Lo que ella hace ahora con su vida ya no es importante para mí. Me he dado por vencida.
Ella no piensa eso. Ella siempre esta diciendo cosas horribles que no piensa, explico Belinda.
Nelson asintió con la cabeza como si comprendiera.
Fuimos llamados a la cena y Nelson galantemente se coloco entre las dos y nos llevo con los dos brazos acompañándonos hasta el comedor. Todo el tiempo me decía a mi misma,  un hombre como este solo quiere a alguien divertido como Belinda de forma temporal. Sin duda, él querrá a alguien con sustancia, a alguien como yo.




lunes, 2 de abril de 2012

Capitulo 4: "Siempre una dama" (1º parte)

Papá y yo nos fuimos sin darle a mamá ningún detalle. Papá solo se limitó a decirle que íbamos a llevar a Belinda a casa. Aunque en realidad, no sabía ningún detalle.
Todo lo que me dijo la señora Elliot, me dijo papá después de irnos, es que debíamos sacarla de la escuela. No quería discutir el asunto a través del teléfono, esperaría nuestra llegada a su oficina. Suena muy mal, muy mal ¿Qué podría haber hecho Belinda? Se preguntó en voz alta.
Conociendo a Belinda y sabiendo lo que ha hecho recientemente, cualquier cosa imaginable, le contesté secamente.
Papá no dijo nada más. Estuvimos un rato en silencio en el coche.
¿Qué vas a hacer con ella ahora, papá? Le pregunté. Todavía queda mucho verano y tienes que hacer planes para el otoño. Ella no está registrada en ninguna otra escuela. Suspiró y meneo la cabeza.
No lo sé, Olivia. ¿Qué me sugieres?
¿Qué hay sobre la legión extrajera?
Estuvo a punto de sonreír. Creo que vamos a tener que encontrar algo para que ella haga durante el resto del verán, dijo.
¿Por qué no esperamos a saber que cosas horribles hiciera en la escuela, papa? Si es tan malo como sugiere la directora, es posible que debamos ponerla en arresto domiciliario. Lo digo en serio, le dije cuando me miró. No permitas que ella se relacione con nadie o ir a citas, al cine a la playa. Ella tiene que aprender alguna vez. Siempre me estás diciendo que hay que encontrar algo que valga la pena de cada situación sin importar lo mala que sea. Bueno, podemos hacer lo mismo ahora, concluí.
Se quedó en silencio otra vez. ¿Por qué no estaba de acuerdo? Por último, ¿por qué no iba a hacer algo al respecto antes de que Belinda arruine a nuestra familia?
Mis propios recuerdos de la escuela superior regresaron a medida que nos acercábamos a los hermosos jardines y edificios. Mientras estuve allí, yo solo hice un amigo de verdad, Katherine Hargrove de Boston. Estudiábamos juntas, nos revelamos lo que pensábamos sobre los demás alumnos de la escuela y nos prometimos mantenernos en contacto, pero poco después de salir de la escuela, Katherine se comprometió con un hombre en casa de sus padres. Recibí unas cuantas cartas suyas y las respondí a todas. Me invitó a su boda, pero no asistí. Me inventé como excusa que estaba muy ocupada con el negocio de mi padre, y sé que ella se ofendió. No volvió a escribirme otra carta, ni tan siquiera una postal, nunca me llamó y nunca me contestó a las cartas que le escribí durante meses.
Con que facilidad se alejan los amigos, pensé. Era casi como si nos convirtiéramos en personas diferentes una vez que nos separamos, y las personas que fueron se convirtieron en personas extrañas. Me di cuenta de que debería haber ido a su boda, pero me molesto que ella se casara mientras yo no había tenido ni siquiera un novio. Todas las chicas de la escuela habían dicho que yo acabaría siendo una solterona y sabía que muchas de ellas estarían allí, sonriendo con aire de suficiencia, convencidas de que sus profecías resultan ser ciertas. Yo debería haber tenido el coraje de enfrentarme a ellas, pensé, tanto por el amor de Katherine como por el mío.
No, no era perfecta. Yo era capaz de cometer errores, pero anda de lo que hubiera hecho me acercaba a los errores y pecados de Belinda. Ella era mucho más que un problema. Prácticamente yo fui pasada por alto. Incluso en nuestros días de juventud, me encontré abandonada, papá prestaba más atención a ella e igual hacia mi madre. ¿Cuántas conversaciones entre padre e hija había disfrutado Belinda? ¿Cuántas veces había hecho lo que estaba haciendo ahora: corriendo a su rescate? Si, me dije, me parecía a la niña buena de la parábola bíblica del hijo prodigio, preguntándose si el ser consciente de sus deberes, productivo y responsable no era la razón por la que estaba siendo ignorada cuando necesitaba tanta atención y afecto como Belinda.
Fuimos directamente al edificio administrativo y a la oficina de la directora. Cuando la secretaria nos vio, casi se desmaya, la sangre abandonó su rostro a la espera de una escena fea y desagradable. ¿Qué podía haber hecho Belinda? Me preguntaba, ahora luchando contra mi propia imaginación pensando en algo que pudiera ocasionar semejante reacción.
La señora Elliot os recibirá, dijo un momento después de entrar y salir a la oficina. Ella se apartó de la puerta como si nosotros pudiéramos contaminarla con solo rozarla.
La señora Elliot, era una mujer de unos sesenta años, con el pelo del color gris azulado y los ojos grises. Se levantó de su silla de madera. Ella solo medía un metro y medio, pero su comportamiento, el poder de sus ojos, la rigidez en sus hombros el imponente pecho alzándose con sus respiraciones le daba un aspecto de ser mucho más alta. Ella tenía un mentón fuerte y contundente, labios masculinos de color rojo pálido, ahora, apretados en un esfuerzo de no fruncir el ceño.
Por favor, tome asiento, señor Gordon, le ordeno, señalando una silla. Ella me miró, decidiendo si deseaba o no me que invitaran a quedarme.
Me gustaría que Olivia estuviera presente, dijo papá rápidamente.
Si, eso sería bueno. Olivia era uno de nuestros mejores estudiantes. Puedo entender su confianza en ella. Esperábamos la misma buena conducta en su hija menor, agregó secamente. Lo que hace que todo esto sea mucho más que una decepción, continuo empequeñeciendo sus ojos oscuros.
¿Qué pasó? ¿A qué se debe la expulsión? Le preguntó papá, su cuerpo todavía tenso, aferrando los brazos de la silla tan fuertemente que las venas de alrededor de sus nudillos estaban en relieve.
Voy a ir directo al grano, Sr. Gordon, todo esto es bastante desagradable de imaginar y mucho más de discutir. No quiero pretender que todo haya sido siempre perfecto en esta escuela. Hemos tenido nuestras cuotas de problemas. Nuestras chicas provienen de diferentes orígenes y lugares. Estamos obligados a tratar con muchas dificultades. Después de todo, estamos educando a los jóvenes, algunos de los cuales no han tenido la mejor educación posible antes de llegar aquí.
Las niñas han tenido bebidas alcohólicas en sus habitaciones, toques de queda rotos, han violado la prohibición de fumar, no han mantenido sus habitaciones en buen estado. Olivia sabe que es todo verdad, ella misma ha estado aquí y lo ha visto, dijo asintiendo con la cabeza hacia mí. Asentí a mi vez rápidamente. Hemos, en ocasiones, tenido un visitante masculino por un tiempo demasiado largo pero nunca, nunca, hemos tenido a una niña que llevara licor a su habitación, permitiera que fumaran en ella y entretener a dos jóvenes al mismo tiempo toda la noche, agrego sin hacer una pausa para respirar un poco.
¿Qué? Preguntó papa, como si no hubiera oído nada de lo que había dicho. Entretener a dos…
Entretener, entiende, señor Gordon, es más bien un término eufemístico para lo que ocurrió. Ella me miro y luego volvió a mirar a papá. Los dos jóvenes desnudos y en la misma cama con su hija, que también estaba desnuda, dijo ella y se respingó como si acabara de tomar una cucharada de aceite de ricino.
Papá la miró fijamente.
¿Dos?, dijo finalmente.
Me temo que sí, señor Gordon. La señora Landford, el ama de llaves, los encontró ella misma cuando olio el humo y los oyó reír. Los dos jóvenes estaban muy ebrios y han sido detenidos a pesar de la necesidad de proteger la reputación de la escuela, y en la medida de lo posible, su buen nombre. Sin embargo, fueron llevados ante el magistrado local discretamente y recibieron una sentencia de libertad condicional. No son de ninguna escuela cercana, agrego. Ellos son… ella me miró. Muchachos del pueblo cercano. Mecánicos del pueblo. Concluyó con cierta dificultad.
Cristo, dijo papá.
Puede usted entender ahora porque tenemos todo este malestar, señor Gordon.
Papá asintió con la cabeza.
Me gustaría que nada de esto fuera más lejos y la única manera es que se lleve a su hija de inmediato. Lo siento. Este no es el lugar adecuado para ella. Me temo que no podemos hacer por ella lo que hicimos por su hija Olivia, añadió señalándome otra vez.
¿Dónde está Belinda ahora? Preguntó papá. Su cara estaba muy roja, pensé que la parte superior de su cabeza podría explotar en cualquier momento. Yo quería sentir lástima por él, pero no dejaba de oír una voz dentro de mí repitiendo: de lo que siembres, cosecharás.
Ella ha estado confinada en su habitación, le dijimos que empacara sus cosas. Les agradeceríamos que se la lleven a casa causando la menor conmoción posible, señor Gordon. Me temo que, como usted sabe, no hay rembolso cuando una chica es expulsada, y dadas las circunstancias, una audiencia solo serviría para exacerbar la situación tanto para usted como para nosotros. Espero que esté de acuerdo en eso, dijo, con la ceja izada.
Si, si, dijo papá. Olivia, ¿podrías ir a buscarla? Me preguntó. Voy a traer el coche a la puerta de la escuela.
Si, papá, le dije. La señora Elliot me sonrió.
¿Cómo le van las cosas, Olivia? Pensé que asistirías a la Universidad de Boston, dijo. ¿Estas inscrita allí o en otra universidad?
No fui a la universidad, señora Elliot. Me decidí a ayudar a papá con su negocio, le dije.
Se volvió hacia papá. Estoy segura de que Olivia es una gran ventaja para usted, señor Gordon.
Si, lo es, dijo con una voz tan rota y cansada que no lo reconocí.
¡Qué desgracia para todos nosotros, señor Gordon! Usted tiene una gran carga que soportar y un largo camino por recorrer, dijo. Papá asintió con la cabeza y me miro.
Me levanté y salí del despacho. La secretaria me miro y trato de sonreír mientras me apresuraba a pasar por su lado y salir por la puerta del edificio administrativo. Crucé el campus tan rápido como pude. Las aulas estaban a oscuras, a excepción de la suite de música donde la orquesta estaba ensayando. La música era transportada por la brisa. Parecía que la tocaban para la ocasión, porque era una marcha.
Alrededor de una docena de chicas estaban leyendo, hablando y viendo la televisión en el salón de la residencia. Todos me miraron cuando entré. Nadie sabía quien era yo, porque yo no había venido aquí con Belinda, pero la señora Landford me conocía y llegó corriendo por el pasillo en el momento en que hubo puesto sus ojos en mí.
Hola, Olivia, dijo con una pequeña y rápida sonrisa. ¿Cómo estás?
No tan bien como podría estar, le contesté. Ella asintió con la cabeza para luego negar con ella.
Lo siento por tu familia, dijo.
Yo también, ¿dónde está ella?
Por aquí. Ella se volvió y la seguí por el pasillo hasta la última habitación de la izquierda. Ella está lista, dijo, y asintió con la cabeza en la entrada lateral. Es posible que ella no quiera salir de esta manera.
Al igual que los ladrones en la noche, comenté. Sus ojos color marrón oscuro expresaron dolor y luego llamó a la puerta de Belinda.
¿Quién es?
La señora Landford. Tu hermana está aquí, Belinda, explicó. Paso un momento antes de que Belinda abriera la puerta. Justamente ella tenía que hacerme esperar, pensé. Ella llevaba puesta la chaqueta de la escuela secundaria, como la que tienen todos los del equipo de deporte, seguramente Arnold se la habría dado, y un par de pantalones. Su cabello estaba recogido hacía atrás. Sus maletas llenas y cerradas al lado de la cama.
Hola, Olivia, canturreó como si nada del otro mundo hubiera sucedido. ¿Dónde está papá?
En el coche, esperando, le dije con rabia.
Vosotras dos cojan las maletas y yo cogeré las dos pequeñas bolsas, se ofreció la señora Landford.
Belinda de forma deliberada se tomó su tiempo, paseándose por la habitación. Vi una pequeña sonrisa en sus labios, una mirada de satisfacción. Ella estaba haciendo lo que había querido. No tenía duda de que ella deliberadamente se enredó. Incluso sospeche que podría haber diseñado todo ese evento desagradable para este fin. Cogí la maleta.
Vamos, ordené. Ahora.
Pues bien, bien, dijo Belinda teniendo la otra maleta en la mano. Yo no quiero quedarme aquí ni un momento más de lo necesario, bromeo ella, como si ella fuera la que había pedido salir de allí.
La señora Landford nos siguió por la puerta lateral. Papá estaba sentado en el coche, mirando al frente. Cuando nos vio llegar, saltó rápidamente y abrió el maletero. Le entregué la primera maleta.
Hola, papi, dijo Belinda mientras le entregaba la otra maleta. El no dijo nada. Cogió la maleta y luego las bolsas que llevaba la señora Landford.
Siéntate atrás, Belinda, ordeno y así lo hizo, haciendo una pausa antes de abrir la puerta y se volvió hacia la señora Landford.
Bueno, adiós, señora Landford. Siento si le he causado algún tipo de vergüenza.
¿Si? Dije, ¿Si?           
Belinda amplio su sonrisa y se metió en el coche.
Buena suerte querida, me dijo la señora Landford, me apretó la mano y se volvió hacia los dormitorios. Me volví hacia papá, medio esperando que mostrara algún tipo de rabia, pero el negó con la cabeza.
Vámonos, dijo, y se apresuró hasta el coche.
El no dijo ni una sola palabra hasta que estuvimos en la carretera.
Bueno Belinda, ¿estás ya satisfecha? Preguntó.
Yo odiaba ese lugar, papá. Te lo dije. No me preocupaba ser expulsada.
¿Cómo has podido…? Él se detuvo y apretó los labios como si tuviera las palabras bloqueadas en la garganta.
¿Qué estabas pensando, Belinda? Le pregunté. ¿no te importa lo que esto haría al a reputación de nuestra familia? No importa lo que hagamos, esto se sabrá. Las otras chicas se lo contaran a sus amigos y familiares.
Ellos no son mejores. Son todos una panda de snobs estirados, pero todos ellos hacen las mismas cosas. Solo que no los cogen, dijo defendiéndose.
De acuerdo. Estoy segura de que todos somos exactamente igual que tú, comente secamente.
Bueno, ellos lo son.
No importa, dijo finalmente papá. No quiero que tu madre sepa nada acerca de esto. Cuando lleguemos a casa simplemente voy a decir… que no estabas satisfecha allí.
Eso no es una mentira, dijo Belinda
Por supuesto que es una mentira, denuncie. No es por eso por lo que te estamos llevando a casa.
Bueno, mentiremos entonces, Olivia. No eres ningún ángel perfecto, se lamentó.
La diferencia, Belinda, es que te sientes cómoda con las mentiras. Me di la vuelta y le devolví la mirada. Yo no, tu vida si k es prácticamente una gran mentira. Yo lo sabía. Sabía que me odiarían ahora, gimió. Simplemente paren el coche y me bajo en la carretera. Encontrare un nuevo hogar y una nueva familia.
¿Para aterrorizarla y destruirla? Le pregunté.
No, solo paren el coche.
No vamos a hacer eso, dijo papá. Eso solo prolongaría la agonía y tenemos que pensar en vuestra madre, Olivia. Por favor.
Claro, le dije. Vamos a volver a barrerlo bajo la alfombra y dejar que salga impune después de un acto tan grave. No le vamos a hacer bien, papá, insistí.
Yo me ocuparé de ello, dijo. Fue una promesa vacía.
Casi podía oír el eco en su interior. Pero lo dejé aferrarse a ella, y yo simplemente miraba por la ventana la mayor parte del camino a casa. Belinda se quedó dormida en la parte de atrás, una sonrisa en sus labios y la satisfacción en su rostro. Una vez más había conseguido lo que quería.