viernes, 23 de marzo de 2012

Capitulo 3: "Lobo con piel de cordero" (3º parte)

En los días siguientes, papá nunca me mencionó la cita, ni hizo ninguna pregunta.
Cada vez que veía a Harrison Keiser, me di cuenta de que el volvía la mirada. Me imaginé que Clayton le habría contado una historia completamente diferente, culpándome a mí del fracaso de la relación.
Mamá llegó a la conclusión de que simplemente no estaba destinado a ser. A veces tenía una actitud fatalista, cuando se trataba de romances. Durante los cinco días siguientes a mi desastrosa cita, la única en un año, se detenía en mi habitación y llamaba antes de entrar.
¿Cómo te va, Olivia? Preguntaba, y de inmediato hacía una mueca a la espera de una respuesta desagradable.
Estoy bien mamá.
Siento que tu cita con Clayton no fuera un éxito.
Yo no lo siento. No me gustaría ni imaginarme lo que sería estar casada con una criatura así.
Ella sonrió y se sentó en mi cama. Mi madre y yo nunca habíamos tenido conversaciones de madre a hija. La mayor parte de lo que sabía acerca de los hombres y el sexo me lo habían enseñado en la escuela. En varias ocasiones, mamá había tratado de tener una conversación intima conmigo, pero no tuvieron éxito.
A veces, comento esa tarde, me siento culpable de tu… de tu situación actual. Siento que debería haber hecho más para ayudarte a encontrar a alguien, Olivia.
Eso es una tontería, mamá.
No, no, no lo es, insistió. Mi madre hizo mucho para ayudarme. Era una mujer muy comprensible, muy sensible, una gran compañera.
Voy a estar bien, dije.
Por supuesto, querida. Eres demasiado inteligente como para no tener éxito en todo. Se que eres mucho más inteligente que yo, incluso mas inteligente que tu padre, aunque nunca me atrevería a decírselo a él.
Comencé a protestar pero ella levantó la mano.
A veces, sin embargo, es mejor que una mujer parezca menos inteligente, Olivia.
¿Qué? Empecé a sonreír, pero vi una expresión en su rostro que no había visto antes, De repente me pareció más sabia, más perspicaz.
A veces, una mujer no puede ser tan testaruda y tan directa como un hombre. La mayor parte del tiempo, de hecho. En su lugar, tiene que ser más sutil, un poco conspiradora. Tienes que aprender a jugar con un hombre como si fuera un instrumento para conseguir lo que quieres o conseguir el haga lo que quieras.
Me senté de nuevo, un poco sorprendida.
¿Qué me estas diciendo, madre?
Eso no es ningún secreto, para formar y mantener una buena relación con un hombre, el secreto es que simplemente dejes al hombre a cargo de todo. Cuando quiero algo, cuando realmente lo quiero, me las arreglo para conseguir que tu padre lo quiera en primer lugar, como si hubiera sido idea suya. De esta manera no se siente que esta siendo manipulado, ya ves.
Se inclinó hacia mí y sonrió.
Y él no se entera. Me espetó, yo me quede como pegada al asiento.
Eso no es verdad, mamá. Papá sabe exactamente lo que está haciendo todo el tiempo y nunca hace nada sin evaluar las consecuencias a fondo.
Por supuesto, no lo hace, ella estuvo de acuerdo. Pero, cómo lo evalúa y cómo se llega a la conclusión es mi pequeño secreto. Yo creo que hay que relajarse más cuando se está en compañía de hombres, Olivia. Actúas como si…
¿Cómo si que, madre?
Como si quisieras competir para ganar algo. Los hombres simplemente no se dan cuenta de que eres una mujer. Hay que trabajar en ser más sutil.
Ser más como Belinda, ¿Es eso lo que me estas diciendo?
Supongo que de alguna manera, admitió asintiendo con la cabeza.
¿Y quedarme embarazada de un bebe y parirlo en mi habitación en medio de la noche? Le respondí. Ella se puso rígida. Por supuesto que no, querida. Tienes que saber cuándo decir no, cuando ser firme.
Siempre y cuando des la impresión de que ha sido idea suya parar también, ¿es eso?
Si, dijo.
Francamente, madre, no quiero ser ese tipo de mujer, ese tipo de persona. Quiero decir siempre exactamente lo que siente y ser lo más honesta posible y si un hombre no puede soportar eso, el no será el hombre destinado para mí.
Oh. Piedad, dijo en voz baja, más para sí que para mí.
Yo no lo creo, mamá.
Ella me miró durante un largo rato y luego suspiró profundamente.
Sólo quiero que seas feliz, Olivia.
Voy a ser feliz, mamá, pero en mis propios términos, respetándome a mi misma, insistí.
Muy bien. Eres muy inteligente, Olivia. Estoy segura de que encontrarás al hombre adecuado y serás la mejor esposa y tendrás el mejor matrimonio.
Se puso de pie y miró alrededor de mi habitación un momento.
Puedes hacer algo respecto a tu habitación, querida. Pintar las paredes, poner cortinas nuevas y una colcha nueva también. Será fácil llegar a un acuerdo con tu padre, agregó.
¿Por lo que parecerá idea suya?
Si, exactamente.
Estoy bien, mamá. Estoy bien como estoy, le dije.
Ella asintió con la cabeza y luego se volvió para irse, deteniéndose en la puerta.
Si alguna vez quieres hablar, Olivia, quiero que sepas que siempre quiero hablar también.
Gracias, mamá. No voy a morir solterona. Lo prometo, le dije.
Ella sonrió como si hubiera pronunciado unas palabras mágicas y luego se fue.
Me miré en el espejo.
¿Cómo puedes estar tan segura de eso, Olivia Gordon? ¿Quién está ahí fuera esperando a una mujer como tú?
Seguramente alguien, pensé. Alguien a quien no le importe que tenga cerebro.
Yo estaba a punto de levantarme y prepararme para la cena cuando escuche las fuertes pisadas de papá por las escaleras. Yo sabia que el estaba casi corriendo y me fui a la puerta.
Olivia, dijo, tienes que venir conmigo. ¿Qué pasa, papá?
Tenía el rostro encendido.
Vergüenza, vergüenza absoluta. He recibido una llamada del jefe administrativo de la escuela, Rosemary Elliot, justo hace un rato.
¿Qué ha pasado?
Tu hermana ha sido expulsada por… actividades inmorales.






Capitulo 3: "Lobo con piel de cordero" (2º parte)

Mamá se enfrascó en un frenesí de actividad durante toda la semana para prepararme para mi perfecta cita. Al final, resultó que el vestido que ella pensaba que era ideal para mí, no estaba e insistió en que fuéramos a Boston. Trate por todos los medios de hacerla cambiar de opinión.
No es un evento importante para mí, mamá. Es solo una cita. Incluso odio esa palabra. No se trata de una cita. Es simplemente un evento programado, le dije.
Tonterías. Cada vez que una mujer sale en público o se socializa es un gran evento, Olivia. No hay nada de malo en hacer que te veas atractiva y presentable, ¿verdad?
Supongo que no, dije de mala gana. Tal vez mamá tenia razón, pensé. Tal vez yo no estaba poniendo suficiente interés en mi misma, en mi imagen. Tal vez era el momento de ser más una mujer que una hija exitosa. Dejé que me llevará de tiendas, que me midieran, me arreglaran en exceso y me pusieran el vestido, hasta que me atreví a mirarme en el espejo y la conclusión que tuve fue que también era atractiva y bonita, yo podría también romper los corazones de los hombres. Belinda no tenía el monopolio de la belleza en esta familia. Ya era hora de que le diera un poco de competencia.
Precisamente, a las seis y cuarto de la noche el día de la inauguración, Clayton condujo hasta nuestra casa y pulso el timbre de la puerta. Yo espere en el piso de arriba, con mi corazón acelerado por puro nerviosismo. Era como una actriz con miedo escénico, sin entender porque mis pies se movían hacia adelante. No tenía motivos para estar insegura. Mi cabello estaba cortado y peinado a la moda. Llevaba una medalla de oro, un collar de brillantes y unos aretes de oro con unas perlas diminutas. Mi madre me prestó dos de sus anillos también. Mi vestido era de seda verde esmeralda con un escote en forma de V, más pronunciado de lo que me hubiera gustado. Mamá insistió en maquillarme también el cuello y el hueso del pecho, con un toque de colorete en la parte de mi corazón que era más visible. Muchas veces había reñido a Belinda por ir demasiado seductora. Ahora, yo luchaba por no reñirme a mi misma.
Hasta el momento en que llego Clayton, mamá se cernía sobre mi como un hada mágica, aleteando sus diminutas alas, tocando un mechón de pelo aquí, cepillando un riza allá, enderezando mi collar y comprobando que mi perfume no era demasiado fuerte y tampoco demasiado débil.
Oh, eres hermosa, Olivia. De verdad que si. Belinda estaría mortalmente celosa, dijo, aquello trajo una sonrisa a mi cara.
Belinda había llamado esa tarde. Mamá le había mantenido al corriente de todos los preparativos y Belinda gemía y se quejaba de no poder estar aquí para verme.
Me tengo que quedar aquí para aprender a caminar con un libro en la cabeza y sentarme y levantarme correctamente, elegir el tenedor adecuado y la cuchara, mientras tú tienes citas. No es justo, Olivia.
Tú has salido en muchas citas, Belinda. Demasiadas más bien, le recordé con frialdad. Y además, mientras yo estaba aprendiendo en esa misma escuela tu estabas teniendo más citas de las que debieras.
Oh, mierda, exclamó. Si realmente te preocuparas por mí, convencerías a papá para que redujera mi pena de prisión. Porque eso es lo que es este lugar, Olivia, una prisión de lujo para snobs. No he sido capaz de hacer ni un solo amigo. Solo les veo las narices. Todos ellos tienen las narices demasiado altas.
Tuve que reírme de aquello.
Soy absoluta y terriblemente desgraciada. Incluyo los maestros hombres son… son como viejas. Ellos no me dan ni una segunda mirada si no es cuando me están enseñando algo estúpido como la forma de abordar a alguien por primera vez.
Solo piensa en lo bien educada que estarás cuando te gradúes, le dije.
No me importa, dijo y comenzó a catalogar toda una nueva serie de quejas.
Me tengo que ir, la interrumpí. Tengo mucho que hacer y no puedo perder más el tiempo.
Vaya. Ve y pásatelo maravillosamente y luego piensa en mí aquí encerrada y encadenada a las rejas, concluyó.
Oí el timbre de la puerta y contuve el aliento.
Es Clayton, declaró mi madre. Abrió la puerta de mi habitación como si estuviera abriendo la cortina de un teatro. Pásatelo bien, Olivia.
Gracias, mamá, le dije.
Carmelita dejo entrar a Clayton. Se quedó allí de pie en el vestíbulo mirando hacia arriba mientras yo bajaba por las escaleras. Pensé que se parecía al cajero de un banco, con su traje y corbata, a la espera de recibir un depósito. Yo esperaba que dejara de ser tan rígido una vez que nos quedáramos a solas.
Papá salió corriendo de su despacho.
Bueno, mira aquí. ¿No la ves hermosa, Clayton? Insistió.
Si, señor, dije y se volvió hacia mí. Te ves muy bien.
Gracias.
Carmelita se puso a su lado, mirando sin expresión. Cuando me volví hacia ella, sin embargo, levanto las cejas y una expresión de autentica sorpresa se formó en su rostro. Me hizo sentir más confianza. Supongo que yo parecía hermosa. Yo solo quería que Clayton hubiera sido mas expresivo al hablar y al mirarme.
Bueno, dijo mirando su reloj, estamos a tiempo. ¿Nos vamos?
Si. Buenas noches, papá, le dije.
Pasáoslo bien, y tened buena noche, gritó.
El coche de Clayton estaba impecable. Me abrió la puerta y me subí. Le hice un comentario al respecto tan pronto como el subió al coche.
Tiene cinco años, dijo sin agradecerme el cumplido. Era más bien como si se lo esperaba. Hay que tener al menos el coche durante siete años para poder sacarle el máximo provecho a su inversión, dijo, y luego pasó a hablar de los planes de amortización.
Cuando nos sentamos en el restaurante y nos dieron los menús, Clayton reviso cada plato, explicándome el coste y el valor de cada uno.
Nosotros nos encargamos de una docena de restaurante, continuo, así que sabemos cuales son los mejores platos.
¿Por qué no te limitas a pedir por mí? Dije secamente y le entregué al camarero mi menú.
Sería muy feliz de hacerlo, dijo Clayton y lo hizo. Por último la conversación giro en torno a algo distinto de los activos y pasivos. O, al menos eso pensé cuando empezó a hacerme preguntas sobre mí misma, el trabajo que hacía para mi padre y cuales eran mis aficiones.
En el transcurso de la comida, miró su reloj y comentó que estaban tardando demasiado. Llegó a la conclusión de que aún estábamos dentro de nuestro horario, pero cuando los postres que había ordenado llevaron más tiempo del que el pensaba se puso un poco nervioso.
No tenemos porque estar allí cuando todo comience, Clayton, le dije. Me miró como si llegar tarde fuera la violación del undécimo mandamiento.
Las personas se conocen por su sentido de la responsabilidad, por lo puntuales que sean, me aseguró. Es por eso que nuestros clientes se sienten seguros al hacer negocios con nuestra empresa.
Oh. Bueno, esto no es un negocio, Clayton.
Al final, insistió, todo es un negocio.
Yo no tenía ganas de discutir. Comimos nuestros postres y deje que me llevara apresuradamente.
Señaló que íbamos a llegar a la galería dos minutos más tarde de lo que había previsto, pero que ello iba a estar bien.
Gracias a Dios, le dije. Estaba empezando a preocuparme. El asintió con la cabeza, no captando mi sarcasmo.
Muchas personas que asistieron conocían tanto a Clayton como a mí. Vi la mirada de diversión en sus ojos cuando se dieron cuenta de que estábamos teniendo una cita. Muchos de ellos hacían buenos comentarios respecto a mi apariencia.
Clayton parecía saber mucho sobre arte, se las arregló para evaluar cada pieza por su valor potencial, decidiendo lo que sería una buena inversión y lo que no.
Tal vez, algunas personas solo quieran compra algo que les gusta, comenté, y no por la cantidad de dinero que pudieran ganar si lo vendieran dentro de veinte años.
Siempre se debe lo que algo va a valer, por si vale la pena comprarlo, replico él. No importa lo que hagas desde su compra hasta su venta.
Estaba empezando a pensar que Clayton Keiser no tenia emociones, ni corazón, solo una calculadora en su pecho. Sin embargo, después de lo que había planeado que fuera nuestro tiempo asignado en la galería, me sorprendió preguntándome si me gustaría ir a ver un terreno que estaba considerando comprar.
Creo que es el lugar perfecto para una casa, dijo. Lo suficientemente lejos del pueblo para que tenga privacidad, pero no tan lejos para que se llegue a perder el contacto. Y tiene muy buenas vistas, añadió, que por supuesto eso eleva su valor.
Por supuesto. Si, me gustaría ir a verla, le dije. ¿Tenemos tiempo suficiente en nuestro programa? Yo estaba bromeando, pero él no sonrió.
Yo creo que si, sí.
Me llevó cerca de dos millas de Provincetown, fuimos hacia el sur por la carretera hasta que aminoró y dio giró por una calle lateral. Era apenas un camino de grava, pero terminó en tierra y luego descendió hacia el mar. Había una maravillosa vista del cielo nocturno.
¿Y bien?, dijo.
Es un lugar hermoso. Tienes razón, Clayton.
Gracias, dijo.
¿Podemos salir del coche? Le pregunté después de un largo momento de silencio.
No, podría haber fango fuera. Puedes verlo todo desde aquí de todos modos, respondió secamente, pero no arrancó el motor. Una vez más, paso un largo momento de silencio.
¿Clayton?
Se volvió rápidamente, y antes de que yo pudiera reaccionar, se inclinó y me besó. Me cogió por sorpresa y me quede sin palabras. Pensé que podría incluso echarme a reír. Fue el beso más torpe de la historia, pensé. Dejo mis labios y me beso en la mejilla.
Olivia Gordon, me encuentro atraído por ti, declaró.
¿Qué?
Creo que lo nuestro podría salir muy bien.
Clayton, acabamos de salir por primera vez y creo que no…
Él se volvió a abalanzar sobre mí, esta vez agarrando mis hombros y tirando de mí hacia él. Sus labios cayeron sobre mi cuello. Yo empecé a forcejear. Me abrazaba con fuerza, y me sorprendió los fuertes que eran sus dedos, luego, prácticamente, se lanzó sobre mis pechos, apretando su boca sobre ellos y empujo su lengua por mi escote, la humedad caliente me dio nauseas de inmediato. Buscó a tientas mi pecho y maniobro hasta que quedo quedó acostado sobre mí. Su pierna izquierda atrapando mi pierna derecha.
Yo grité y seguí forcejeando, pero el no se detuvo, empujaba su pelvis sobre mi cadera. Sentí sus giros y escuche que su respiración se aceleraba y gemía. A medida que bajaba cada vez más su peso sobre mi, empecé a sentir que me ahogaba, como si alguien me empujaba bajo el agua.
Me las arreglé para conseguir sacar mi mano de entre nuestros cuerpos, donde había quedado aplastada entre su cuerpo y el mío, empecé a golpearle frenéticamente en la parte superior de la cabeza. No parecía darse cuenta o sentirlo. Sus movimientos se hicieron más frenéticos hasta que gritó como si estuviera dolorido y se derrumbó encima de mí.
Durante un largo rato se quedo así, inmóvil sobre mí. Yo tenía miedo de moverme, miedo de que volviera a atacarme. Su respiración se volvió más regular.
Entonces, de repente se incorporó, se arregló la corbata y se peinó el pelo hacia atrás.
Gracias, dijo. Fue muy agradable.
Llévame a casa de inmediato, le dije controlando mi voz todo lo que pude. Todavía estaba tan sorprendida y asustada que apenas podía oír más que a mi corazón latir con fuerza.
Por supuesto, dijo con calma. Es la hora de volver de todos modos.
Puso en marcha el motor. Yo me senté lo más lejos posible, apoyando mi hombro contra la puerta. Dio la vuelta con el coche y condujo de vuelta por el camino de grava, no volvió a hablar hasta que volvimos a la carretera.
Entonces, dijo, te gusta la propiedad. La voy a comprar esta semana. Puedo construir una hermosa casa allí.
No, dije. No puedes hacer nada por mí.
¿Perdón? No se como se te ocurrió la idea de que yo podría…
¡Cállate, Clayton! Solo quiero que me lleves a casa.
¿En serio? Pensé…
¡Oh! Bueno, tienes que tener en cuenta el valor de la propiedad y la posibilidad de futuro que un matrimonio traería a nuestras familias y a nosotros mismos.
No dije nada hasta que llegamos a mi casa. Empezó a salir para abrirme la puerta, pero yo salte del coche y cerré antes de que pudiera alcanzarla.
Buenas noches, Olivia, dijo. ¿Puedo volver a verte?
Volver a verme, le dije casi riendo. Creo que eres una persona enferma y asquerosa. No quiero volver a verte jamás, dije y me precipite por las escaleras hasta entrar en casa.
Mis padres todavía estaban despiertos, mi madre estaba leyendo mi padre viendo las noticias en la televisión. Bajo el volumen inmediatamente después de haberme visto. Mi madre dejo el libro en su regazo y sonrió. Unos momentos después de mirarme su sonrisa se evaporó.
¿Qué paso? Me preguntó papá, entrecerrando los ojos. No podía ocultarle mis emociones. Además mi pelo estaba desordenado y parecía que me hubiera caído por una colina.
Clayton es un idiota, contesté.
¿Qué paso? Preguntó mi madre, con los labios temblándole por la anticipación.
El no es el caballero que pretende ser, le dije. Vamos a dejarlo así, ¿de acuerdo? Seguí mirando a papá.
Muy bien, dijo. Debo suponer que no ha pasado nada.
Afortunadamente, no, dije, y me marche por las escaleras hasta mi habitación. Cuando me miré en el espejo y vi lo despeinada que estaba, que estaba tan lejos estaba de la chica bonita y joven que había empecé a llorar. Luego me sequé las lágrimas, diciéndome a mí misma que eso era algo que solo Belinda haría. Solo que Belinda, seguramente, no había presentado batalla alguna.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Capitulo 3: "Lobo con piel de cordero" (1º parte)

Durante un tiempo pensé que Belinda no asistiría a la escuela superior, que papa sucumbiría a sus suplicas y lo retrasaría hasta el otoño. Algunas veces estuvo a punto de ceder. Belinda trató desesperadamente de conseguir que lo hiciera y se paso los días quejándose de no tener el verano libre para poder disfrutarlo con sus amigos.
Cuando mi padre vacilaba yo le ayudaba apoyándolo en su decisión.
Sabes que ella lo necesita más que nunca, papá. Fue una buena idea. No dejes que te tape los ojos con una venda. Ella va a ser algo más que un peso sobre nuestros hombros si no hace nada para ocupar su tiempo. Pero Belinda no se dio por vencida.
¿Quién va a la escuela durante el verano? Solo los que han suspendido. Yo no suspendí, se lamentaba, había elegido la hora de la cena para seguir con sus lamentos y sus quejas, haciendo que nuestras cenas fueran desagradables todas las noches, hasta que ella se salió con la suya.
No será como ir a la escuela, Belinda, le dijo mamá. Es una escuela especial con hermosos jardines y residencias, ¿no es así, Olivia?
Si, dije, tiene unas magnificas instalaciones y algunos de los mejores maestros.
Sigue siendo una escuela. Todavía tengo que estar en aulas mal ventiladas mientras que luce el sol y mis amigos están navegando y divirtiéndose aquí, ¿o no?, se quejó Belinda. Ella hizo mohines, se negó a comer, daba fuertes pisadas por casa, ponía malas caras e hizo que todos los demás fuéramos tan miserables como sus días encerrada.
Durante toda la semana antes de irse, Belinda insistió en que sus amigos y amigas fueran a casa a despedirse de ella como si ella fuera a ir a la guerra y no volver jamás. Cada vez que alguien se marchaba ella se quedaba llorando.
Nadie me va a escribir o llamar. Todos dicen que si pero no lo harán. Se olvidarán rápidamente de mí, se quejaba a través de sus sollozos.
Si eso sucede demostrarán que no eran tan buenos amigos, le dije a ella.
Así es, confirmó mamá.
Oh, ¡mierda! exclamó ella, su cara estaba roja de frustración mientras corría hacia su cuarto.
En realidad había disfrutado de sus travesuras de última hora, disfruté de sus quejas, sus sollozos y de su mal humor. Por su expresión, vio que ella no iba a encontrar una aliada en mí y no importó lo que le dijera a mamá, no importaron los desastres que predijo, mamá encontró un resquicio de esperanza.
Vas a conocer gente nueva, hacer nuevos amigos, ver cosas nuevas e interesantes, aprenderás mucho, ¡Es una gran oportunidad para ti, Belida, querida! Me gustaría ser joven y haber asistido también a esa escuela.
Y a mí me gustaría ser vieja y estar lejos de todo esto, disparó ella volviendo a llorar de nuevo.
Aquello me hizo reír. Belinda deseaba ser mayor. Tú no sabes lo que es ser viejo, le dije. Tan pronto como veas la primera arruga en tu cara amenazaras con suicidarte.
No voy a suicidarme. Estas siendo muy mala conmigo, Olivia. Vas a echarme de menos cuando me haya ido, amenazo ella, lo cual solo me hizo reír más y ponerla de peor humor.
Por fin, el día de su partida llegó. No hizo nada para prepararse. Carmelita tuvo que hacer las maletas con la supervisión de mamá. Ella ni siquiera guardó sus productos de higiene. Se suponía que íbamos a ir todos con ella en la limusina, pero me las arregle para salir de viaje. Papá estaba decepcionado. Nadie podía manejar mejor a Belinda en nuestra familia, sin embargo yo estaba decidida a no pasar dos horas sentada en un coche escuchando a Belinda quejarse de lo cruel que estábamos siendo todos con ella.
Se puso en marcha cuando papá le dijo que saliera y entrara en el coche. Se paro de pie en el pasillo y me miro, sus ojos se llenaron de lágrimas. Adiós Olivia, dijo ella con las manos en el corazón, Adiós casa. Adiós buenos tiempos de infancia, juventud y diversión. Me están entregando a los ogros y a los maestros con látigos que me harán sentir como si yo fuera inferior. No voy a tener a nadie a quien recurrir cuando necesite ayuda o me sienta cansada o sola. Hizo una pausa y me miró. Deja de sonreír, Olivia. Ya sabes que no estoy exagerando. Tú has estado allí. Sabes lo que ese sitio es.
Belinda, tienes que parar de perder el tiempo, si es que es eso lo que pretendes, podrías tener en consideración los sentimientos de los demás antes de los tuyos, le dije.
Tu solo eres mala conmigo. Te odio, me espetó y se volvió hacia el coche, pero antes de entrar miró de nuevo hacia mí. Llámame por favor, Olivia. Llámame esta noche. Por favor, rogó.
Te llamaré, le prometí. Ahora deja de ser una niña mimada y haz las cosas más fáciles a los demás, le ordené.
Ella continuo llorando, tomo aire profundamente, como alguien que va a sumergirse bajo el agua y se metió en el coche. Tuve que sonreír. Tal vez la echaré de menos, pensé, pero esperaba que cambiara un poco, que creciera, y que hiciera exactamente lo que le había dicho: hacernos la vida más fácil a todos nosotros.



Un periodo de engañosa calma llego tras la partida de Belinda. Papá y yo estábamos muy ocupados en la empresa. Belinda llamó y gritó a través del teléfono durante unos días y luego se rindió. Parecía que podría llegar a tener un verano sin incidentes después de todo.
Ahora que Belinda se encontraba escondida lejos, al igual que unos documentos vergonzosos, papá volvió su atención hacía mí, y, sin apenas darme cuenta, me organizó una cita con Clayton Keiser, el hijo de nuestro contable. No fue nada sutil. De camino a casa después de un día en las oficinas, papá me dijo que los Keisers vendrían a casa a cenar el viernes.
Yo ya conocía a Clayton, por supuesto. Él era cinco años mayor que yo, y el trabajaba también para su padre, ahora que había terminado la universidad. Yo nunca le había dirigido más de una mirada al pasar, y durante todo ese tiempo no había intercambiado más de una docena de palabras con él.
El padre de Clayton, Harrison Keiser parecía que había sido descubierto por un director de casting para interpretar el papel de contable. Era un hombre delgado, de ojos pequeños y brillantes, y estaba obsesionado con los detalles, no importaba cuan pequeños o insignificantes fueran para otras personas. Su hijo Clayton era prácticamente un clon. Ambos tenían los rostros pequeños y redondos, grandes ojos marrones apagados y narices finas y estrechas. Clayton también había heredado de su padre su tez pálida y unos labios suaves y femeninos. El único regalo de su madre fue un pelo castaño rojizo, rico y espeso que mantenía bien corto casi al estilo militar.
Yo estaba demasiados cursos detrás de él como para recordarlo de la escuela, pero yo sabía que era poco atlético, la quintaescencia de un ratón de biblioteca, con sus gruesas gafas. A pesar de ser un excelente estudiante no era el primer de la clase de la escuela debido al promedio de la clase de educación física. Papá me dijo que había habido una gran discusión al respecto en aquel momento, pero la política del centro no se había modificado para adaptarse a Clayton. Pensé que los maestros y administradores simplemente no querían que el fuera el que representara lo mejor de la escuela frente a padres e invitados.
Clayton no medía más de dos o tres pulgadas más que yo, era todavía muy delgado, casi tenía un aspecto de hombre frágil, tranquilo, pero con una mirada escrutadora que me hacía sentir como si estuviera evaluando mis activos y pasivos en algún documento, “El patrimonio neto Olivia Gordon”.
Yo no era consciente en un primer momento de lo que papá y Harrison Keiser habían planeado y no me di cuenta de lo mucho que la conversación se centro esa noche en torno de Clayton y mía hasta que finalmente papá dijo: Tal vez debería pedir Clayton a Olivia que le acompañara a la apertura de esa nueva galería de arte que hay frente al mar, creo que comparten el interés en el arte.
Se que mi rostro se volvió del color del carmesí. Mis ojos se movían de papá a Clayton y a mi madre que estaba sonriendo como el gato de Alicia en el País de las Maravillas.
No es mala idea, ¿eh Clayton? Harrison Keiser le siguió rápidamente el juego.
No, señor.
Pues bien, convenio su padre, asintiendo con la cabeza en mi dirección
Clayton levantó la vista de su plato y me miró como si se hubiera dado cuenta de que yo estaba allí también. Se limpio los labios en la servilleta y se aclaró la garganta.
Si. ¿Te gustaría ir a cenar y a la apertura de una galería, Olivia? Me pidió Clayton delante de toda la mesa. No podía ser que se hubiera declarado también en las primeras páginas de los periódicos locales.
Sin embargo, por un momento, no pude hablar. Era como si mis cuerdas vocales me hubieran declarado un motín. Vi que papá me miraba expectante. Por último, reuní suficiente aire en mis pulmones para proferir una respuesta. Por supuesto que sí. ¿Qué otra cosa podía hacer?
La conversación se concentró en cual sería el mejor restaurante para ir a cenar antes de la apertura de la galería. Clayton no tenía una opinión al respecto y yo tampoco. De hecho la noche entera fue planeada por nuestros padres como si fuéramos piezas de un tablero de ajedrez. El padre de Clayton le sugirió que fuera a su sastre para conseguir un nuevo traje y una corbata. Su madre pensó que debería hacer algo diferente con su pelo. Mi madre hablaba de un vestido que acababa de ver, un vestido que decidió que sería perfecto para la ocasión.
Ellos cuatro continuaron con la planificación de la cita sin ni siquiera mirar una vez en dirección de Clayton o mía, y no nos pidieron ninguna opinión ni reacción. Clayton me miro un par de veces, pero durante la mayoría de la cena, se sentó con los ojos hacia abajo, para concentrarse en levantar la cuchara y el tenedor con la precisión de su padre, limpiándose los labios casi en sincronía con su padre. Eran tan parecidos que me resultó espantoso.
Al final de la tarde, antes de que los Keisers se fueran, Clayton, finalmente se volvió hacia mí. Todo el mundo dejo de hablar, como si el príncipe estuviera a punto de proferir un edicto real.
Llegaré a las seis y quince, si eso te parece bien, dijo. Vamos a tardar quince minutos en llegar al restaurante, lo que nos dejará una hora para cenar y luego se tarda doce minutos desde el restaurante a la galería.
Me sentí como si yo debiera sincronizar mi reloj con el suyo. Simplemente asentí con la cabeza. El apretó los labios, lo cual resultó ser su mejor esfuerzo para sonreír y luego volvió a reunirse con sus padres en la puerta. Todo el mundo dio las buenas noches y se fueron. Inmediatamente me gire hacía papá.
¿Por qué hiciste eso? Me sentí atrapada y tuve que decir que sí.
El es un buen muchacho, distinguido como su padre. Esos jóvenes no son tal fáciles de encontrar en estos días, Olivia.
Me gustaría poder encontrar yo misma a mi propia pareja, le dije.
Pude ver la respuesta en la cara de papá: No lo estas intentando.
Solo estoy tratando de ayudarte, querida. Sin duda, no hay nada de malo en probar las aguas.
No será mas que unas horas, añadió, recordé que habías trabajado con el, Y luego está esa galería de arte nueva, Si te gustan esas cosas, ¿no? La conclusión es que es un gran sacrificio.
Lo sé, papá, pero…
Tu padre tiene razón. Hay que salir más, querida, dijo mamá. Te verán relacionarte. Incluso si las cosas no funcionan entre Clayton y tú, otros jóvenes te verán bien vestida y muy guapa, y creo, que habrá alguien a quien le gustará. Así es como suceden las cosas maravillosas, continuó. Vamos a divertirnos mucho preparando el vestido, buscando los zapatos, llevaras unas cuantas joyas, iras a la peluquería.
Me di cuenta de que esto era algo que mi madre quería hacer para ella no para mí. Como Belinda se había ido, no se había hablado mucho sobre citas y amores por la casa.
Muy bien, le dije cediendo, pero no puedo imaginarme a mi misma pasando un buen rato con Clayton Keiser.
Nunca se sabe acerca de esas cosas, querida, dijo mi madre. Cuando salí por primera vez con tu padre yo pensaba igual.
No lo hiciste, dijo papá rápidamente.
Nunca te lo he dicho, Winston, pero yo estaba muerta de miedo esa primera noche.
¿En serio? Dijo sonriendo como si eso fuera algo de lo que estuviera orgulloso.
Todo el mundo me decía que tuviera cuidado. Winston Gordon es un hombre que consigue lo que quiere, y quiere mucho. Tiene apetitos insaciables, explicó mi madre.
Los ojos de papá revolotearon de ella a mí y luego volvieron a ella con una fugaz sonrisa.
Bueno, tal vez eso era entonces, pero ahora me he vuelto un poco mas comedido en mi madurez. Trato de encontrar el equilibrio, analizarlo todo con cuidado.
¿Incluso la cita que se me ha impuesto, papá? Dije con una sonrisa amarga.
Pensó por un momento y luego asintió con la cabeza.
Si. Si, Olivia, creo que es un joven sensible. Espero que disfruten de la noche, concluyó y se fue a fumar un cigarrillo.





lunes, 19 de marzo de 2012

¡He vuelto!

Después de más de un año de silencio, vuelvo a este blog a continuar lo que un día comencé con muchas ganas y mucha ilusión.
Por diferentes motivos (trabajo, amigos, obras en casa,...) tuve que dejar abandonada a Olivia, perdida entre las hojas del libro.
Ahora comienzo de nuevo con la traducción y doy la bienvenida subiendo el segundo capitulo "Esta es mi fiesta" que deje a medias hace tanto tiempo.
Trataré de subir un capitulo por semana, siempre que el trabajo y las responsabilidades no me lo impidan.
Y asi, podremos saber al fin, que sucedió con esta misteriosa mujer. Desentrañaremos las incognitas que nos quedaron de esta maravillosa saga de Virginia Andrews.
Un beso a todos los que pasais por aqui.




Capitulo 2: "Es mi fiesta" (3ª Parte)

Tuve que admitir que Belinda tuvo un día de graduación muy hermoso. Era una tarde perfecta para una ceremonia de graduación al aire libre. Una brisa suave y cálida venia del mar y el cielo era de un color turquesa con unas nubes haciendo unos movimientos imperceptibles en horizonte.
Se decidió que Belinda asistiera a la misma escuela hasta que está terminara el curso, luego se iría de inmediato a comenzar un curso de verano. Papá pensó que seria prudente sacarla lo más rápido que pudiera de allí y meterla en un colegio para damas. Sus intenciones eran claras: quería convertir a Belinda en toda una dama para cuando llegará el hombre adecuado.
Mi graduación no se pudo realizar al aire libre. Aquel día había sido lluvioso. El auditorio estaba mal ventilado y era muy incomodo estar allí con docenas de niños pequeños que lloraban, flashes por todas partes, los orgullosos padres y abuelos saludando y gesticulando, como los visitantes de un zoológico. Me sentía como un animal enjaulado, apretujada con mis compañeros de clase, a la espera de los discursos finales.
La graduación de Belinda estaba siendo mas como un gran día en el campo.
Había serpentinas y globos decorando todos los rincones. La luz del sol hacía que todo se viera brillante y vivo, lleno de felicidad. Los niños pequeños podían salir y jugar fuera de donde estaban los adultos. La marcha de graduación fluyó melodiosamente a través del aire cálido. Todo el mundo se levanto y los graduados, alegres y emocionados, entraron por el pasillo y ocuparon sus asientos en la plataforma.
Tal vez porque no era mi graduación, toda la ceremonia me pareció muy ligera. Los discursos no fueron tan largos y antes de que nos diéramos cuenta se hizo  la entrega de los diplomas. Papá me sorprendió con su entusiasmo, comportándose como todos los demás padres orgullosos, corriendo por el pasillo para fotografiar a Belinda aceptando su diploma. Cuando me gradué, confió esa misión a un fotógrafo profesional y no se movió de su asiento. Belinda cogió su diploma con su estilo particular, prácticamente giro en su dirección sonriendo. Gracias a Dios, murmuró mi madre a mi lado. Yo tenía mis dudas.
Posteriormente, se continúo la celebración en un restaurante de mariscos cerca del puerto. Papá invitó a algunos de sus socios comerciales a unirse a nosotros y con bastante rapidez a la celebración, veía que Belinda se estaba aburriendo. Ella estalló de alegría tan pronto como Peter Wilkes se presentó en el restaurante.
Ah, por fin, dijo mientras este se acercaba. Pensé que me iba a morir de aburrimiento.
¿Qué es esto?, dijo papá interrumpiendo su conversación para mirar a Peter.
Supongo que llego un poco temprano, dijo Peter.
Eso es bueno. ¿No crees, Papá?, dijo Belinda exuberante.
Papa sonrió avergonzado hacia sus invitados. Bueno… no ha terminado su comida, por lo tanto Belinda…
Oh, no puedo comer más, papá.
¿A dónde vas?, le pregunté cuando se puso en pie.
A la fiesta en la playa, una tontería. ¿Recuerdas? Papá me dio permiso, agregó.
Miré a papá. Sus ojos se encontraron con los míos y luego se escabulló rápidamente.
Bueno, pero tienes que llegar temprano a casa, Belinda. Que te hayas graduado no significa…
Oh, Winston, no seas un ogro, dijo Collins. Era uno de los socios de negocios de papá. Un joven solo se gradúa en la secundaria una vez.
Gracias a dios por eso, dijo mamá y todos en la mesa rieron.
Belinda se precipitó hacia la mesa para darles a todos un abrazo y un beso. Ella incluso se detuvo para abrazarme a mí.
Gracias, hermana, dijo. Me encanta la maleta.
Yo le había regalado una maleta para guardar el equipaje para su viaje de fin de curso. Fue un regalo práctico, uno de los pocos que había recibido.
Peter me dedicó una débil sonrisa y se apresuró a coger a Belinda de la mano.
Adiós, gritó.
Mire a papá. El observó como se iban, me miro y luego se volvió a hablar con el Sr. Collins.
Salimos del restaurante una hora más tarde. La noche resultó ser tan hermosa como el día. Miré hacia el mar mientras nos dirigíamos a casa y pensé en lo maravilloso que seria estar de fiesta en la playa en estos momentos. Un cielo sin nubes, inundado de estrellas. La Osa Mayor nunca se había visto tan clara como esa noche.
Cuando llegamos a casa me fui directa a mi habitación. Todo lo que quería hacer era dormir, dormir y olvidar, dormir y soñar que era otra persona, en otro lugar. Me costó mucho dormir porque no hacia más que dar vueltas, allí tendida, con los ojos abiertos. El sueño estaba detrás de una puerta cerrada con llave y no estaba listo para alzarse sobre mí.
Tienes que sufrir primero, pensé. Primero hay que sufrir la soledad.
Finalmente me quede dormida solo para ser despertada por golpe suave a mi puerta. Al principio pensé que era parte de un sueño. Entonces me senté y volví a escucharlo de nuevo.
Si?
Papá metió la cabeza entre la puerta y el marco. No me gusta molestarte, Olivia, pero… bueno tu madre esta preocupada también.
¿Preocupada? ¿Por qué?
Son casi las tres de la mañana y Belinda no ha vuelto a casa.
Eso nunca te preocupó antes, dije bruscamente. Él vaciló.
Sí, bueno, teniendo en cuenta lo que pasó…
No debemos hablar de eso, papá, le espeté. No me sentía caritativa.
Por favor, Olivia.
¿Qué quieres que haga, papá?
¿Podrías ir a buscarla?
¿A la playa?
Si, dijo. No quiero que se meta en problemas nunca más.
Pero si no creías que fuera a hacer nada de eso, papá, le dije. El permaneció en la puerta.
Estoy mas preocupado por tu madre, dijo.
Muy bien, le dije. Iré a buscarla.
Gracias Olivia.
Me levanté y me puse unos pantalones y un suéter. Cogí una chaqueta ligera y corrí por el pasillo y las escaleras, impulsada principalmente por la ira. ¿Cómo podía ser tan insensible y egoísta? Ella sabía lo que mamá y papá habían sufrido. No le importaba lo generosos e indulgentes que eran, Belinda siempre se aprovechaba de ellos.
Me metí en mi coche y me dirigí por la carretera de la playa donde yo sabia que habían ido. Había una zona en el extremo este que los chicos del instituto siempre preferían, incluso antes de mi graduación.  Efectivamente, cuando iba por la carretera, vi coches aparcados. Esta noche todos ellos permanecerían despiertos de celebración.
Encontré un aparcamiento y estacione el coche, luego camine pesadamente sobre la arena de la playa hacia las hogueras. Oí risas a mi derecha y música de radio flotando en el aire. El viento me azotaba el pelo y me tiraba arena en la cara. El mar rugía con unas crestas blancas.
Vi parejas envueltas en mantas alrededor del fuego, pero ninguna de las chicas era Belinda. Todos miraron hacia mí con curiosidad. Algunos tenían botellas de whisky y vino.
Continué hacia las otras hogueras, mi ira estaba en ebullición, como una cacerola de leche caliente. Una vez más, no vi a Belinda, pero si reconocí a Marcia Miller Gleason y a Arnold. Arnold casi salto de la manta cuando me vio acercarme a ellos.
¿Dónde está mi hermana? Le pregunté.
¿Belinda?, preguntó estúpidamente, se sentó lentamente. Pude ver que Marcia estaba semidesnuda debajo de la manta.
No, mis otras diez hermanas. Por supuesto que Belinda. ¿Dónde está?
No estoy seguro…
Alguien va a tener un montón de problemas si no la encuentro en el próximo minuto, amenacé. ¿Tus padres saben donde estas y que estas haciendo ahora mismo Marcia?, le pregunté directamente.
Pensé que ella se había ido a su casa, se quejó Marcia. La última vez que la ví se iba a dar un paseo con Quin a la colina, agregó señalando hacia el banco que había detrás de ellos. Luego me fulminó con la mirada durante un momento.
Espero no tener que volver, le dije y me dirigí hacia el lugar que me había señalado. Oí a Arnold regañar a Marcia por habérmelo dicho.
Durante un mucho rato después de que llegué a la cima de la colina no vi nada. Entonces vi un movimiento a mi derecha, vi dos cabezas fuera de un saco de dormir. Me acerqué más. El movimiento dentro del saco no era difícil de traducir. Eso me hizo sonrojar.
¡Belinda!, grite, pero mi voy fue aplacada pro el viento. Le volví a gritar mientras me acercaba y finalmente, los dos se detuvieron y vacilaron. La llamé de nuevo.
¿Olivia?, la oí decir.
Maldita sea, le grite, se escurrió como las ratas, a tientas Quin busco su ropa sobre la arena. Fue subiéndose los pantalones en el momento que me acerqué a ellos. Belinda no se había movido. ¿Cómo puedes estar haciendo esto?, le pregunté.
Estábamos… Quin se estaba poniendo las zapatillas de deporte del revés. Yo sé lo que estabas haciendo, Quin Lothar, le dije.
Me tengo que ir. Es tarde, dijo y se levantó, no llegando a ponerse bien los zapatos. En un momento ya había desaparecido en la oscuridad.
Belinda gimió.
Arruinaste mi noche de graduación, dijo entre sollozos.
Que yo he arruinado… ¿Sabes que mamá y papá están muertos de preocupación y que ahora que he venido a por ti y he visto lo que estabas haciendo, tenían todos los motivos para estar preocupados? Le pregunté, mi voz estaba llena de asombro. ¿No tenía miedo Belinda a volver a quedarse embarazada?
Estamos teniendo cuidado, dijo.
Oh, es un alivio saberlo. ¿Acaso te metes en el saco de cualquiera que este en la playa, Belinda?
No. Es la noche de graduación, declaró como si aquello fuera una licencia para perder toda moralidad.
Ponte la ropa y ven conmigo a casa de inmediato, le dije.
Pero todo el mundo se queda a pasar la noche fuera.
Papá me envió a buscarte, declaré para impresionarla. Ella no se movió. Belinda, no me voy a ir a casa sin ti.
Esto es horrible, exclame. Tú eres muy feliz por venir a buscarme. No quieres que yo ningún buen rato, porque tu nunca lo haces.
Si, a esto se le llama pasar un buen rato, tienes razón, le espeté a la espalda. Vístete. ¡Ahora!
Salió del saco de dormir y comenzó a ponerse su ropa. Yo no podía ni mirarla. Me disgustaba demasiado. En su lugar, me di la vuelta y mire hacia el sonido del mar.
¿Era cierto? ¿He venido aquí a buscarla porque estaba celosa? Si yo hubiera conocido a alguien que me atrajera en el instituto y a él le atrajera yo, ¿habría acabado yo también en la playa?
Algo dentro de mí me dijo que no, yo habría sido más razonable, pero por el momento no me hacia sentir ni mejor ni superior. Belinda con sus palabras había instalado una piedra mas de tristeza en el fondo de mi estómago.
Belinda caminaba enfurruñada por la playa en dirección al coche. La música y las risas nos seguían mientras caminábamos en silencio.
Yo no voy a estar todo el tiempo para salvarte de ti misma, Belinda, le dije cuando llegamos al coche.
Mejor, me disparó.
Ella estaba furiosa. Después de entrar en casa, se dirigió hacia las escaleras y cerro  la puerta de su habitación. Papá salió.
¿Esta ella bien?, preguntó.
Si, dije. Decidí no contarle ninguno de los detalles más horribles. No parecía querer oír de todos modos.
Gracias Olivia, dijo. Tú eres la fuerza, la columna vertebral de acero de esta familia. Siempre lo serás, añadió con un guiño. Era como si me hubiera declarado heredera de su trono, lo quisiera yo o no.
Tendría que serlo.
Me quede dormida soñando con esa bolsa de dormir que se había quedado vacía en la playa.

Capitulo 2: "Es mi fiesta" (2ª parte).

¡En serio! Háblame de eso, dijo Belinda, inclinándose hacia adelante con entusiasmo, como si Quin hubiera hecho algo muy importante durante su ausencia.
Ojos de rana llego justo después de haberlo encendido. Debía de estar observándome desde su puerta. Ha estado persiguiéndome desde que me puse aquellas gafas y lo imité, ¿recuerdas?
Claro que me acuerdo. Fue muy divertido.
Cuando Belinda empezó a reír, todos ellos rieron.
Y la gente se pregunta porque no quiero estudiar magisterio, murmure. Ellos se volvieron hacia mí.
Decías que no te gustaba el señor Gardner cuando estabas en la escuela secundaria, Olivia, dijo Belinda.
Dije que no estaba muy entusiasmada con su trabajo, pero no dije que fuera una rana.
Todos se rieron de nuevo como si lo que dijo estuviera destinado a ser divertido.
Jerry le dio a Bárbara un anillo muy caro. Es lo más parecido a un anillo de compromiso, continuo.
Me dijo que tienen intención de casarse muy pronto, seguramente después de la graduación.
Ya lo sabía, Marcia Gleason me lo dijo anoche por teléfono, dijo Belinda.
El suicidio de Jerry, así es como lo llama todo el mundo, dijo Quin riendo.
No se burle de él, Belinda se quejo como si fuera a echarse a llorar. El y Bárbara están realmente enamorados. Es maravilloso cuando puedes encontrar a alguien con quien pasar toda tu vida, alguien que se preocupa más por la otra persona que por si mismo, a alguien como a mi padre.
Los tres chicos dejaron de sonreír y aceptaron su reproche. ¿Cómo logrará que hagan lo que ella quiere?, pensé estudiando a cada uno de ellos más de cerca. ¿Quién sería el padre de su feto muerto?
Peter Wilkes por supuesto que no, a menos que consiguiera regalarle a Belinda algo caro en un comercio.  Ella pudiera haberlo conseguirlo, pensé.
¿Alguien más a enfermado de gripe esta semana? les pregunté. Uno de ellos seguramente sabía la verdad acerca de la enfermedad de Belinda.
Quin y Arnold se miraron luego negaron con la cabeza.
No lo creo, dijo Arnold. Bobby Lester no esta asistiendo a clase, se torció un tobillo en un partido.
Solo nos queda un par de semanas para terminar el curso. Es difícil faltar a clase ahora, le dijo Pedro. Lo que me recuerda, Belinda. Aquí están mis apuntes de la clase de literatura inglesa.
Oh, gracias, Pedro. Eres muy dulce.
¿Más dulce que un caramelo? le pregunté. Belinda se echo a reír.
Mi hermana es muy divertida a veces, les explicó. Ella cogió los apuntes se los puso a su lado.  Voy a estudiar más tarde.
Eso será inusual, le comenté en voz baja, pero lo suficientemente fuerte como para ser escuchada.
¡Olivia!
Sabes que tienes que aprobar literatura inglesa para graduarte, Belinda.
Me dijiste que me ayudarías a estudiar, se quejó. Los chicos dirigían su mirada de mi a ella mientras hablábamos. Lo haré si eres responsable y seria con los estudios.
Lo soy.
Voy a venir y estudiar con vosotras esta semana, se ofreció Pedro rápidamente.
Eso es muy amable por tu parte, Pedro. Mira, alguien que se preocupa por mí, dijo ella. Sus ojos se deslizaban de un chico a otro, convirtiéndose cada uno de ellos en un admirador cariñoso al pasar su mirada sobre ellos como si fuera una bendición, para convertirlos en adoradores en cuestión de segundos. La visión de aquello me disgusto.
¿Dónde estaban los verdaderos hombres de hoy? No me podía imaginar papá actuando de esa manera cuando tenía su edad.
Ojalá hubieras estado en el partido, Belinda. Cuando tiré ese lanzamiento en la última…
Ya estamos otra vez, hablando de deportes. Si no te detienes voy a cerrar los ojos y me quedaré dormida, amenazó Belinda.
Si la conversación no se centraba alrededor de ella, Belinda no estaba interesada.
Yo sólo quería decir que me quedé pensando en ti. Este es para Belinda, pensé, le dijo Arnold.
¡Oh!  Ella se animó,  sus hoyuelos relampaguearon. Bueno, eso es diferente. Habéis ganado por mí. Quiero que todos sepan que, declaró. Arnold asintió con la cabeza como un soldado de ir de un lado a otro y gritar la noticia en las calles de Provincetown.
Pidieron a mi banda que tocara en la fiesta de graduación en la playa. Dijo Quin bruscamente, tratando de recuperar su atención.
Eso es maravilloso, lloriqueo Belinda.
¿Puedo recogerte y llevarte a la fiesta? Pidió Arnold rápidamente.
Puedo conseguir el Cadillac de mi padre. Sugirió Peter.
Yo voy a ir con mi moto. La acabo de arreglar, añadió Quin.
Belinda consideró las ofertas y me miró.
¿Qué harías tú, Olivia?
Caminar, dije secamente.
Ella se echó a reír mucho, fuerte y se cubrió el rostro con las manos.
A pie. Me encanta. Sí, ¿quién va a caminar conmigo?
Si eso es lo que quieres hacer, dijo Arnold rápidamente. Yo lo haré.
Tal vez él era el padre, después de todo, pensé. Belinda lo había negado con demasiada rapidez.
No estoy segura todavía. Voy a pensar en ello, dijo Belinda tímidamente. Ella lanzo su promesa de aceptar como cebo y los tres se quedaron mordisqueándolo como un pobre y tonto pez.
Me retire a la esquina de la habitación y desde allí sentada miraba y escuchaba a todos ellos hablar y hablar sobre sus planes para la noche de graduación. Había un aire de entusiasmo que deseaba compartir. Yo no había asistido a la fiesta de mi graduación. Papa, mama, Belinda y yo solo fuimos a cenar a un restaurante. Después, me senté en mi habitación y mire por la ventana la noche, pensando en las hogueras que habría en la playa, la música y las risas que yo no compartiría. Nadie me pidió que fuera y odiaba asistir a fiestas con mis amigas floreros. Lo peor era estar ahí de pie dando vueltas y esperar que algún chico me prestara un poco de atención, como si yo fuera un mendigo en busca de una limosna de cariño. Yo nunca daría a ningún chico esa satisfacción. Si la soledad era el precio a pagar hasta que alguien formal llegara pagaría ese precio, eso fue lo que decidí y trato de no pensar en ello.
Pero no es fácil  irse a dormir preguntándose si algún día tendré cajas de dulces y flores y unos chicos de pie alrededor mio, mirándome con ansiedad, esperando un elogio, una mirada de placer, una promesa de mis labios como en estos momentos estos tres se ciernen sobre Belinda.
Se está haciendo tarde, anuncié finalmente. Todos se volvieron hacia mi como si acabaran de darse cuenta de que todavía yo estaba allí.
Sí, tengo que llegar a un ensayo, dijo Quin.
Espero que te sientas mejor, dijo Arnold.
Yo también, siguió Peter.
Belinda se inclinó hacia adelante, lo que hizo que la manta se deslizara demasiado bajo de nuevo. Los tres grupos de ojos se agrandaron y se detuvieron en la profundidad de su escote. Me aclaré la garganta con fuerza y ​​asintió con la cabeza, ella tiró de la manta hacia arriba.
Te llamaré mañana, prometió Arnold.
Todos hicieron la misma promesa y después se fueron. Los seguí hasta la puerta y los vi descender las escaleras antes de volver al lado de Belinda.
¿No ha sido agradable?, pregunto ella.
¿Quién fue Belinda?
¿Perdón?
Sabes lo que quiero decir. ¿Quién era el padre?, ella sacudió la cabeza.
Te lo dije. No lo sé, Olivia. Además, papá dijo que no debíamos hablar más de ello, exclamo Belinda volviendo la cara hacia la almohada.
¿Era uno de ellos? Es eso, ¿no?
Por favor, Olivia.
¿Sabe él, sea quien sea, lo que paso en esta habitación?
Basta Olivia, se puso las manos sobre los oídos. No voy a escucharte.
Me acerque a ella.
¿Le has llamado y le has dicho lo que pasó, lo que tu padre ha tenido que hacer? ¿lo sabe?
No, yo no sé a quien llamar.
Asqueroso, Belinda. Lo que hiciste es repugnante, pero no se…
Ella comenzó a llorar.
Voy a volver a enfermarme y no seré capaz de regresar a la escuela, amenazó.
No sería una gran perdida para la escuela, murmure.La deje lloriqueando y baje las escaleras para encontrarme con papa. Estaba en su oficina preparando algunos documentos. Allí era donde guardaba todos los documentos sobre los impuestos personales y los documentos de la familia. Se volvió en su asiento cuando entré.
¿No crees que estaban nerviosos cuando llegaron, papa? Sin duda uno de ellos…
No, Olivia, dijo levantando la mano. Hemos dicho que haremos como si no hubiera sucedido.
Lo sé papa. Yo es que estoy tan cabreada con ella por lo que ha hecho, le dije.
Si, lo sé, pero tienes que cuidar de ella, Olivia. Hemos aprendido la lección.
El por que papá toleraba la debilidad de Belinda y la de nadie más, incluyendo a mi madre, era una pregunta que se me atascaba en la garganta como un hueso.
Dependo de ti para cuidarla, dijo. Ella te escuchará.
No lo ha hecho hasta ahora, papa. Eso se ha demostrado de una forma terrible.
Lo se, pero creo que ella va a cambiar, insistió.
Lo miré un momento y retiró su mirada de la mía, algo que rara vez hacia conmigo. Teníamos una gran conexión en uno con el otro, nos comprendíamos, papa y yo sabíamos que no nos podíamos mentir el uno al otro.
Él me estaba mintiendo en ese momento y él sabía que yo lo sabía. En no creía que Belinda pudiera cambiar. ¿Por qué mentiría?
Mi ira hacia Belinda se infló como un globo llenado de odio, porque ella estaba haciendo que papa me mintiera.
Algún día, me prometí, ella va a entender y a apreciar lo que ha hecho y entonces pedirá perdón. En mi corazón, sin embargo, yo creía que iba a ser demasiado tarde.
Sorprendentemente Belinda pasó sus exámenes finales de literatura inglesa, a duras penas y con una gran cantidad de tutorías. Tuve la clara impresión, sin embargo, que ella también tuvo un poco de ayuda por parte de sus maestros, tal vez debido a la posición de papá en la comunidad. Durante la ceremonia de graduación, mamá le pidió a papá que nos llevara a Boston para comprarle a Belinda un bonito vestido. Mama quería que Belinda se viera especial. Era como si mamá hubiera encontrado una manera de compensar aquel acto repugnante: hacer hincapié en las fiestas de Belinda con tanta intensidad que no quedaba tiempo para pensar o recordar nada.
En un completo derroche de dinero ella estaba disolviendo todas las nubes negras que se aferraban en los rincones de nuestra casa. No habría sombríos recordatorios, no, nada, solo cosas brillantes y felices. Papá parecía más que dispuesto en complacerla y en seguir su ejemplo, no veo nada malo y no oigo nada malo. En el último momento, mamá decidió superarse incluso a ella misma y mando llamar a un diseñador para que creara un original vestido a Belinda. Seria fácilmente tres veces más caro que un vestido de confección, pero una vez más, papá se rindió antes de empezar la batalla y para mi sorpresa, dejo a un lado sus famosas medidas, ¿Cuáles son las medidas? Esta vez no hubo preguntas.